Obispo llama a no escuchar “cantos de sirena”

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos considera que, el corazón del nicaragüense “debe iniciar un proceso de perdón interior”

Obispo- Rolando Álvarez
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa. ARCHIVO MOSAICO CSI / LUIS EDUARDO MARTÍNEZ M.

El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, consideró que el nicaragüense “no debe escuchar cantos de sirena que le echan más leña al fuego” y debe evitar caer en las tentaciones del odio, del miedo y de la desesperanza, instando al perdón en el país.

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En la homilía de la misa que celebró a puertas cerradas en la catedral San Pedro Apóstol, este domingo 20 de septiembre, monseñor Álvarez, “guiado por el magisterio” de los Papas Francisco y Benedicto XVI, así como del evangelio del día, disertó sobre la justicia, definiéndola como “dar a cada uno lo que es debido, lo suyo, lo que le corresponde”.

Sin embargo, advirtió que, “para muchos, la forma de hacer justicia es eliminar al contrario, destruir al que piensa diferente, censurar, silenciar el discurso diferente del mío”.

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De acuerdo con el jerarca católico, la injusticia, en cambio, inicia un camino de egoísmo “que conduce a la iniquidad, a la ilegalidad, a la corrupción, a la crueldad, a la arbitrariedad, al abuso, a la humillación, al ultraje, a la infamia. (Pero) Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche, pide justicia con el pobre, con el forastero, con el esclavo…”.

El obispo señaló que solo respondiendo con el bien se puede vencer al mal y “por eso, no me cansaré de insistirles que el pueblo nicaragüense tiene tres grandes tentaciones en las que el demonio quisiera hacernos caer: el odio, el miedo y la desesperanza. El odio que autodestruye a un pueblo, a una sociedad, a una persona; el miedo que paraliza; y la desesperanza, que es una sepultura en vida…”.

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Pero, apuntó que “al odio se le vence con el amor, que es una fuerza indestructible; al miedo se le vence con el coraje y la valentía del espíritu sereno y seguro de sus principios éticos; y a la desesperanza se le vence con una esperanza que, por naturaleza, es inquieta y que lucha por conquistar el bien del que está convencido.”

“No cedamos, hermanos nicaragüenses a esas tres tentaciones”, llamó el obispo, prosiguiendo con una exhortación al perdón como una vía para curar “tantas heridas que se atesoran en el corazón y que tienen tan golpeada a nuestra sociedad nicaragüense”.

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“No existe, hermanos, otra forma de salir de este enjambre. El corazón del nicaragüense debe ser sanado, debe iniciar un proceso de perdón interior, un camino sin duda arduo, duro, pero debe iniciarse y perseverar en ello. El corazón del nicaragüense no debe escuchar los cantos de sirena que le echan más leña al fuego, cantos de destrucción”, expresó monseñor Álvarez.

Además, en su homilía, el obispo aseguró que “para el cristiano, no hay otro camino y aquel que ha hecho un daño debe estar dispuesto a restituir y a resarcir a quien haya ofendido, de aquellos de quienes haya abusado. No importa el costo de la restitución, debes estar dispuesto a hacerlo”.

Monseñor Álvarez citó como ejemplo al personaje bíblico Saqueo, quien devolvió “cuadruplicados” los bienes malhabidos y enfatizó que “hay que reparar los daños económicos, físicos y psicológicos, perpetrados contra otras personas”.

 

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