Padre de Verónica Guerrero -fallecida en accidente- relata su “cronología de un dolor”

Policlinica-central

Compartió en Facebook el detalle de esta Semana Santa que cambió sus vidas

Angie Guerrero, 16 de abril de 2015 – 11:06 am CRhoy.com

Sumido en el dolor de haber perdido a su joven hija, Verónica Guerrero Gamboa, en el accidente de tránsito en el cual también resultaron heridas otras tres personas, Roberto Guerrero abrió su corazón para relatar por “única vez” la “cronología de un dolor”.

Verónica Guerrero Gamoboa, de 17 años quería ser relacionista internacional. Foto: CRhoy.com
Verónica Guerrero Gamoboa, de 17 años quería ser relacionista internacional. Foto: CRhoy.com

“Plagiando una oración de un cantante de los 70’s ‘lágrimas, la expresión mojada de mi pena’ es lo que fluye a cántaros mientras escribo, lo sollozos interrumpen el golpeteo de las teclas, pero sigo, es mi catarsis”, expresó el padre en redes sociales.

Roberto Guerrero hizo un repaso por las últimas conversaciones que tuvo con su hija durante Semana Santa, a excepción del lunes, martes y jueves, días en los que no se comunicaron. No habla del accidente, no habla del joven que en apariencia invadió el carril e impactó de frente el vehículo en el que viajaba su hija con la presentadora de televisión Maricruz Leiva y dos menores más.

El inicio: Alegría

Domingo 29 de marzo, 9:00 a.m.

BK(Verónica): Ok “pa” ta’luego nos vemos, no quiero atrasar a Maricruz.

-Yo (Roberto): Ok “BB” disfruta al máximo, no me llamés si estás bien.

-BK: Ok dad.

“En la puerta de nuestra casa un fuerte abrazo y un beso en la mejilla y un adiós agitando las manos”, agregó el padre.

Lunes 30 de marzo:

“Silencio total (está disfrutando, pienso y me alegro)”, describió Guerrero, en Facebook, mensaje que además compartió con crhoy.com

Martes 31 de marzo: 

“Silencio total, continúa la alegría”, pensó.

Miércoles 1° de abril:

“Desobediencia (me llamó estando feliz)”.

-V: “Pa” estoy biensísimo, chivísima.

-Yo: Ok “V” (Uve, a veces le decía la primera inicial de su nombre) siga disfrutando, adiós.

-V: By pa’.

Jueves 2 de abril:

“Silencio total (sigue la fiesta, pienso)”, comentó Roberto.

Viernes 3 de abril: 

“Viernes Santo”, dice. “La Tragedia”.

“El inicio del fin y el comienzo del inconmensurable dolor que perdurará hasta que el último hálito de vida salga de mi cuerpo y parta a reunirme con mi hija, solamente paliado por los dos amores de igual magnitud que me quedan”, describió Guerrero.

9:00 a.m. Llamada por teléfono:

-BK: Hola “pa”, ¿me extrañaste?.

-Yo. Por supuesto BB.

-BK: salimos como a las diez y en la tarde nos damos los hugs (abrazos) que no nos dimos ja ja.

-Yo: Ok. La espero, seguro que llegan como a las cuatro.

-BK: Ok nos vemos.

“Ya aquí tengo que parar de escribir, el manantial salado de mis ojos es incontenible, se confunde con mocos y sollozos, hasta un pequeño quejido sale de mi boca y de mi pecho… ¡Ay Veca, qué dolor tan grande estoy sintiendo! y no pude seguir…continúo 24 horas después.”, comentó.

Viernes Santo, 3:03 p.m.

(Del teléfono de Samy, Samantha, su amiga)

Vero: “Pa” voy por el Puerto, hay mucha presa. 3:26 p.m.

Yo: Cuando pasen el peaje de Jacó me avisan, yo las espero en el restaurante de carnes de búfalo que está antes del cruce que va a Santa Ana y Piedades.

Vero: Ya, pero vamos en presa, pero nosotros no pasamos por ahí.

Vero: Que vaya al Bar Whisky (supongo que Maricruz le dijo).

-Vero: ¿Y podemos llevar a Samy? (siempre pensando en su amiga del alma).

Yo: Por supuesto.

A las 3:56 p.m. el padre recibió lo que serían las últimas palabras, por mensaje, para él: “Estamos en Turrúcares”.

“Silencio…Silencio…Silencio”

Imagen del violento accidente ocurrido el viernes en ruta 27. Foto Facebook Accidentes de Costa Rica

“Cuatro de la tarde y ya no me acuerdo: la llamada, el puñal del dolor la angustia y desesperación empezaba a clavarse en mi corazón”, el padre recuerda la llamada de una tía de la menor.

MujerRoberto hubo un accidente muy serio, a Verónica se la llevaron para emergencias del San Juan de Dios.

“Ya no hay horas para contar, solo tiempo nublado, pensamientos borrosos, rápido pero con prudencia para que no me pasara nada porque mi chiquita me necesitaba, no podía faltar por alguna estupidez que cometiera manejando. Las lágrimas brotaban, mi pensamiento de esperanza… “va a estar bien” , solo es un golpe o una herida, el puñal del dolor apenas se incrustaba en el corazón pero ya lo sentía… Corro a emergencias, una bata gris, blanca o vede, no recuerdo”…

-Yo: Soy el padre de la niña accidentada en la ruta 27. (Me hala de un brazo y dice lo que no quería oír).Lo siento.

“No lo quería oír, no le quería creer, corre una cortina y me mete en un pequeño cuarto. ¡Oh dolor! Ahora sí, el puñal del dolor se incrustó en mi corazón de un solo golpe y hasta lo más adentro. Mi niña, mi pequeña, yacía ahí sin vida, cubierta hasta el pecho con una sábana de no sé qué color; su cuerpo aún tibio, con los ojos abiertos, pero no podían ver, no podía ver que su padre estaba ahí para protegerla. La abracé, la besé, la llamaba por su nombre, me quejaba, lloraba a cántaros, le pedía que despertara y me dijera algo, pero no respondió, estaba sin vida, “el milagro de la resurrección no llegó”…

“Me retiré, con mucho dolor y más llanto, vomité en una parte de afuera del edificio. Empezaron a llegar los familiares, gritos, llantos, sollozos, amenazas. Volví otra vez a acompañar a mi querida niña, no la iba a dejar sola pero antes, en medio de mi dolor, la llamada más cruel: la madre venía de camino, pero tenía que saberlo por mí, era mi deber”.

-Yo: Esperanza, no llegué a tiempo, se nos fue, BK se fue. (Al otro lado de la línea gritos de dolor y llantos, la llamada se terminó por sí sola).

“Una hora después, la madre llega, corre a abrazar a su hija sin vida, llora, grita se cae sin fuerza y se queda con ella para despedirla todavía sin ser ajada y manoseada por el forense, para verla tal y como era cuando llenaba de alegría nuestra casa. Llanto incontenible de ella y todos los que llegaron a ver qué había pasado”.

Viernes Santo, 11:00 p.m.

“El cuerpo de mi hija ya sin vida, iba a ser trasladado a la medicatura forense, para su examen final. Los que la trajimos a este mundo, juntos, sin palabras y lágrimas surcando las mejillas, seguimos el carro que transportaba el cuerpo sin vida de nuestra hija”, recordó.

Sábado Santo, 4 de abril:

2:00 a.m. En la Medicatura Forense: “no hay autopsia, sino hasta mañana y hay que traer la ropa con que quieren que la entierren (así de frías son las palabras, sin sentimientos, entrenadas para tratar un cadáver que no se conoce).

7:00 a.m. “Hay que empezar a devolver a nuestra hija a la tierra, la madre escoge la ropa. Una gran amiga de Verónica le dice a la mamá cuál era la ropa que más le gustaba: una por una la prendas se alistan, llanto y más llanto, primero las botas que compró en diciembre (la hacían verse más alta, decía Vero), un jeans de mezclilla raído, casi nuevo, una blusa que no recuerdo el color, una bufanda (le encantaba) y su perrito de peluche que la acompañaba en la noches para dormir, ‘puchito’, y el dolor del puñal seguía haciendo más daño”.

7:30 a.m. “Partimos al lugar donde el pudor de nuestra hija de estar desnuda no lo podía expresar, y ajena a lo que el mundo mostraba en ese momento, su vida la había abandonado hace menos de un día”.

10:00 a.m. en la Medicatura Forense: “preguntas y más preguntas. Se deben llenar papeles, balbuceos, quejidos de dolor en silencio”…

-¿Qué? Ah sí, no. Sí.-“Firmen, nosotros le avisamos cuando pueden pasar a vestir a su hija y retirarla (ya es un objeto para el personal del centro)”.

12:30 m.d -“Ya pueden pasar a vestirla”.

“Dolor y más dolor, madre y tías ejecutan la labor de vestirla, yo no pude o no quise, respeté su pudor y no quería verla desnuda. El cuchillo del dolor seguía incrustado en mi pecho y no dejaba de doler. Listo, ahora el golpe final, la visión más desgarradora que he tenido en mi vida, y los actos más tristes que espero nunca se repitan, autorizar la salida del cuerpo y ponerlo en aquella caja de madera que significaba que el fin era inminente; no soñaba, era realidad, mi hija estaba muerta. Dolor y más dolor, llanto y más llanto, madre y padre ayudaron a pasarla y depositarla en la caja”, recordó.

Calvario

1:30 p.m. Llega el féretro a la funeraria.

“Llanto, soledad y una enorme tristeza e impotencia, no hay nada que hacer… 24 horas en vela acompañando a mi hija, una mirada a su rostro pálido de vez en cuando, lágrimas que mojaban el vidrio del ataúd, sollozos y despedidas en silencio, ya nunca más volvería a ver ese hermoso rostro”.

Domingo de resurrección

“Para mi hija no la hubo, no existió ese milagro”, dice Guerrero.

10:30 a.m. “El cuerpo de mi hija va hacia la iglesia, la última misa para ella, la acompaño y la espero al frente de la iglesia, cargo el ataúd en hombros, llevo a mi hija, lloro y lloro, la ayudo para que ella no haga el viaje sola -como lo hice siempre-. Ceremonia, éxtasis, paroxismo, incienso, palabras que no se oyen, dolor y más dolor (…)  El cuerpo sale hacia el cementerio, nunca volverá sus pies hacia atrás, no volverá a la casa de donde salió”.

2:45 p.m. “El cuerpo de mi hija es puesto en donde reposará por siempre, sin enterarse del puñal, del dolor incrustado en el corazón de su padre, de haberlo sabido de seguro habría resucitado para impedir ese inmenso dolor que sufría aquella persona que la amaba tanto”.

“Me acerqué al sepulturero y le dije, soy el padre, déjeme ayudar a sellar su sepultura. Juntos -ladrillo por ladrillo- fuimos cerrando para siempre la última morada de mi hija, pero el esfuerzo era muy grande, con cada ladrillo, el maldito puñal se me incrustaba más y me hacía mucho daño. En silencio, me despedí con la colocación del último ladrillo” y me volví hacia mi esposa:

-Cumplimos con nuestro deber de padres.-“Cumplimos”, me respondió…  Así terminó mi Semana Santa.

“El corazón que había construido en tres amorosas partes cual triángulo equilátero, había perdido uno de sus lados y así seguiría por siempre, intentaría latir sin ese lado, así es un padre. Los otros dos sufrientes lados me ayudarán. Pero el cuchillo del dolor sigue clavado. Adiós mi Veca. (Llanto, llanto y más llanto)”, finaliza el padre.

Escrito por Angie Guerrero | angie.guerrero@crhoy.com |

Darlin

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