Obispo de Matagalpa: “Con el diablo no se dialoga”

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos advirtió que “el tentador” camina en nuestras calles ofreciendo lo que calificó como las “tres grandes tentaciones a la humanidad”: el tener, el poder y el placer

Obispo de Matagalpa 6 marzo
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí. © Mosaico CSI | Gentileza de Diócesis Media

El obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, monseñor Rolando José Álvarez Lagos advirtió este domingo 6 de marzo que hay quienes pretenden “someter la palabra de Dios a visiones pseudo ideológicas, se pretende instrumentalizar a intereses particulares”, y que “el tentador” camina en nuestras calles ofreciendo lo que calificó como las “tres grandes tentaciones a la humanidad”: el tener, el poder y el placer.

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Durante la homilía en la misa que presidió en la catedral San Pedro Apóstol, el obispo de Matagalpa disertó sobre el Evangelio dominical referido a las tentaciones a Jesús mientras estaba en el desierto y, retomando mensajes del Papa Francisco, aseguró que “con el diablo no se dialoga”.

“Jesús no dialoga aquí con el demonio, Jesús le responde con la palabra. Ninguno de nosotros puede dialogar con el diablo, nadie puede dialogar con el demonio, primero porque nuestro poder es la palabra de Dios y, segundo porque, atentos, el demonio, si uno se pone a platicar con él, lo enreda, lo ensucia y lo hace trizas. No hay que andar jugando en eso, con el demonio no se platica, se le responde con la palabra de Dios que es la que tiene poder”, advirtió monseñor Álvarez.

Agregó que “en este mundo, en nuestras calles camina el tentador que conoce de las codicias y ambiciones, del orgullo y de la vanidad. Podríamos decir que las tres tentaciones a Jesús en el desierto son como una síntesis de las tres grandes tentaciones a la humanidad”: el tener, el poder y el placer.

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El “tener” ocurre, dijo el obispo de Matagalpa, cuando “el tentador propone transformar las piedras en pan; es pensar que los bienes materiales pueden llenar el corazón del hombre, tener, en lugar de ser; tener bienes materiales a cualquier costo, a cualquier precio, aún al costo o al precio de la propia conciencia, de la propia dignidad”

Según monseñor Álvarez, el tener “llega a ser una necesidad, un vicio adictivo para el que no tiene límites de almacenar en sus graneros, el tener se vuelve en su droga, sin la cual no puede vivir. Cada quien podría ponerse su propio precio, cabe entonces la pregunta ¿por cuánto te has vendido, por cuánto has vendido a tu hermano? El pan es importante, la libertad es más importante, pero lo más importante de todo es la fidelidad constante y la lealtad a los principios jamás traicionados”.

“Cuando no se respeta esta jerarquía de los bienes, sino que se invierte, ya no hay justicia, ya no hay preocupación por el hombre que sufre, sino que se crea desajuste y destrucción, caos y anarquía, se entra en el reino de la arbitrariedad. Cuando a Dios se le da una importancia secundaria, que se puede dejar de lado temporal o permanentemente en nombre de asuntos supuestamente más importantes, entonces, fracasan precisamente esas cosas presuntamente más importantes. Está en juego la primacía de Dios, no se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales prescindiendo de Dios o utilizando el nombre de Dios en vano”, continuó el obispo.

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Además, señaló el obispo que “aun las estructuras más sofisticadas, si no nacen de un corazón nuevo y arrepentido, se vuelven las más injustas e intolerantes. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena, y la bondad del corazón solo puede venir de aquel que es la bondad misma, el bien”.

De la segunda tentación, el poder, monseñor Álvarez dijo que “el tentador ofrece dominar la creación a cambio de un acto de adoración, se trata de la tentación del poder sobre los reinos de la tierra, el poder sobre el servir. El tentador ofrece el dominio sobre el otro. ¿Cuál es tu reino, qué grande o pequeño puede ser? No importa, lo que vale es ‘aquí mando yo, aquí se hace lo que yo diga’. Esas expresiones indican que no se tienen límites y se domina la creación destruyendo, arrasando la propiedad, las fronteras, llegando a ilimitados poderes irracionales que llegan a avasallar y destruir al mismo hombre. Esta es la ley del más fuerte que tiene su raíz en la filosofía sofística: ¿A quién adoras para alcanzar ese poder en tu reino, quién te lo ha dado? Si el poder que tienes, viene de Dios, entonces tu poder será el servicio; si tu poder no viene de Dios, entonces tu poder será la muerte”.

Mientras que. del placer, como otra de las tentaciones, el obispo de Matagalpa apuntó que se trata de “la ambición, el éxito fácil y cómodo sobre el esfuerzo del día a día”.

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“Aquí hay algo llamativo, el tentador cita la sagrada escritura para hacer caer a Jesús en la trampa, el tentador muestra ser un gran conocedor de las escrituras, se presenta como teólogo. Hoy se pretende someter la palabra de Dios a visiones pseudo ideológicas, se pretende instrumentalizar a intereses particulares o personales, es la pretensión de callar a Dios y suplantarlo con todos los placeres, con el hedonismo, dejando nuevamente de existir los límites. Después del pan hay que ofrecer algo sensacional, pan y circo, o las migajas del rico epulón”, explicó el jerarca católico.

Agregó que “en la lucha contra satanás ha vencido Jesús, frente a la divinización fraudulenta del poder, de la ambición, de la avidez de dinero, frente a la promesa mentirosa de un futuro que, a través de los poderes temporales, garantiza todo a todos, él contrapone la naturaleza divina de Dios, Dios como auténtico bien del hombre, frente a la invitación a adorar el poder, el Señor pronuncia unas palabras: ‘al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto’. Jesús ha entrado en el drama humano, en la pobreza humana, defiende a los peligros que acechan al hombre, y por eso va al desierto. Nicaragua, pidámosle a Jesús que no nos deje en el desierto y que no nos dejemos vencer por el demonio, antes bien, vencer el mal con la fuerza indestructible del bien, así sea”.

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