La homilía del obispo de Matagalpa sobre “El buen pastor”

En el cuarto domingo de Pascua, este 22 de abril, el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, disertó sobre la parábola del Buen Pastor, contenida en el Evangelio según San Juan (Jn 10,11-18).

OBISPO ROLANDO ÁLVAREZ
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa. MOSAICO CSI/ARCHIVO

En el cuarto domingo de Pascua, este 22 de abril, el obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, disertó sobre la parábola del Buen Pastor, contenida en el Evangelio según San Juan (Jn 10,11-18).

Esto es, íntegramente, lo que el obispo expresó en la primera parte de su amplia homilía:

“El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas. El asalariado busca siempre sus intereses, el asalariado quiere imponer su arrogancia, su pensamiento dictatorial y dinástico.

El asalariado quiere hacer siempre su voluntad aun en contra de la manifestación de la voluntad de las mayorías. Al asalariado no le importa el dolor del pueblo, únicamente piensa en sus intereses, es ególatra, llega a hacer de su yo su propio dios, el asalariado cabalga sintiéndose victorioso aunque en su cabalgar pase humillando, vapuleando, aplanando a todo un pueblo.

El asalariado es capaz de buscar quién lo rodee y lo adule y organizar incluso violencia y agresión, muerte y persecución. El asalariado puede llegar un momento en que entorpezca su mente y lo blanco lo mire negro. El asalariado tiene capacidad de discurrir y hacer un discurso que tergiversa total y completamente la realidad que se vive. El asalariado pretende con su discurso confundir la mente de los pueblos. El asalariado a las luchas cívicas las llama actos de terrorismo. El asalariado no cree en la inteligencia de los pueblos, piensa que los pueblos somos torpes y nos trata como torpes. El asalariado piensa que ejerce siempre el control y cuando se siente que puede perder ese control, lejos de reflexionar, rectificar y con sensatez, prudencia, humildad y sabiduría saber retroceder para darle lugar a la paz, lo que hace es montar en guardia y enardecer más aun a sus seguidores que lo adulan y que lo sirven sin pensar con criterios que lo puedan detener.

El asalariado puede llegar un momento en que viéndose acorralado por las manifestaciones de expresión de una conciencia madura, lejos de reflexionar, arremete aún más, porque no está dispuesto a bajar del caballo en el que va cabalgando. Al asalariado no le importa el pueblo y estén seguros que si el asalariado en algún momento mira que aquella situación se la ha salido tanto de su control, al punto en el que se siente allá, al borde del precipicio, estén seguros que huirá y dejará solos a quienes le sirvieron con adicción incondicional. El asalariado terminará salvando su propio pellejo y dejará solos a los que le sirvieron hasta el final. No se confundan en eso, la historia siempre nos ha dicho que ha sido así”.

 

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