Santiago Dávila: Docente y matancero de corazón

A sus 74 años dice que no va a jubilarse, porque le gusta lo que hace y si volviera a nacer sería maestro. Sus exalumnos lo recuerdan como un amigo y a una persona que siempre anda de buen humor

Santiago Isaac Guido Dávila ha dedicado 55 años de su vida al magisterio, de ellos 45 han sido para impartir clases en el Instituto Nacional Eliseo Picado (INEP) de Matagalpa y 23 años en el Colegio Simón Bolívar de la misma ciudad. Es originario del barrio Monimbó de Masaya. Estudió licenciatura en Química y Biología en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en la ciudad de Estelí (UNAN-Estelí).

Su primera plaza como docente fue en un prestigioso centro de la ciudad de Jinotega, donde reside. Una vez que empezó como profesor de secundaria en el INEP, todos los días se traslada desde Jinotega hasta Matagalpa y por muchos años lo hizo viajando al raid, pero, desde hace 12 años se moviliza en bus de transporte colectivo porque le amputaron la pierna derecha, debido a complicaciones por la diabetes que padece.

Nació en Masaya el 25 de julio de 1948, en Monimbó, Masaya. Hijo de Cándida Rosa Dávila Alemán, originaria de Masaya, y de Salvador Isabel Guido Pérez, de Managua, es el segundo de cuatro hermanos.

El mayor sueño de Guido Dávila era ser médico, pero por razones económicas solo alcanzó a estudiar el ciclo básico, y fue entonces que decidió estudiar la licenciatura de Química y Biología, porque consideró que se asemejaba en algunos aspectos a la medicina. Se graduó en 1968 en la UNAN de Estelí.

Santiago Dávila maestro
Santiago Isaac Guido Dávila lleva 55 años en el magisterio. © Mosaico CSI

Su primer trabajo como docente fue en la escuela Alfredo Alegría de Jinotega, donde hacían practicas profesiones los estudiantes de magisterio de este departamento. Después fue director de una escuela en esta misma ciudad y en 1978 obtuvo una plaza de secundaria para trabajar en la ciudad de Matagalpa en el Inep.

Para este maestro de generaciones la mayor satisfacción es “el reconocimiento de sus alumnos, porque la docencia no te va a traer un capital. El capital es humano, es el reconocimiento, encontrar un alumno que diga ‘usted me dio clase, soy médico, periodista’… me encontré con varios que ahora son arquitectos, militares”, dice Guido añadiendo que, “si yo volviera a nacer, yo estudiaría docencia”.

Recuerda que cuando llegó al INEP, la primera materia que impartió en el turno vespertino fue Lengua y Literatura, además se desempeñó como disciplinario y, hasta la fecha, comparte sus conocimientos en el área de Biología y Química.

Guido Dávila es considerado una persona alegre y respetuosa. La docente Martha Morales, ex compañera de labores en el INEP, refirió que “el profesor Santiago como compañero de trabajo es una persona carismática, alegre, tranquila, muy respetuosa. Estando ‘Chago’ –como le decimos cariñosamente– ‘Chaguito’, en un encuentro pedagógico, en una reunión extracurricular, él siempre estaba haciéndonos reír con su buen humor”.

César Pérez, licenciado en Física y Química, fue alumno del profesor Santiago y ahora es también maestro. Él guarda en su memoria “el carisma que tenía para impartir la clase, la manera didáctica muy buena. Siempre estaba de ánimos, de humor”.

Pérez considera que es admirable que el profesor Santiago siga dando clases, a pesar de los padecimientos que tiene.

Apasionado por la lectura y la música nicaragüense

Los fines de semana el profesor Santiago dice que le gusta leer y escuchar música nicaragüense, sobre todo los grupos musicales de los 60’s y 70’s. Es fan del grupo Los Juveniles de Matagalpa, además confiesa con entusiasmo: “soy matancero pura vida”.

El profesor Santiago se casó con la docente originaria de Jinotega María Asunción Iglesias Pérez, (q.e.p.d.), con quien procrearon cinco hijos, todos profesionales en distintas disciplinas: Martin, licenciado en Contaduría Pública y Finanzas y Químico Puro; Escarleth Lorena y Marco Antonio son abogados; Luis Javier es ingeniero zootecnista y María Dolores trabaja con su hermana Escarleth en la Unan-Jinotega, en la Facultad de Derecho y Computación.

El profesor Santiago agradece a Dios por los cinco hijos profesionales que formó con su esposa y comenta que su mayor satisfacción “como padre de familia es que mis hijos sean útiles a la sociedad”.

Este docente que también ha formado a cientos de estudiantes matagalpinos, es recordado por sus exalumnos como un maestro amigo, con un espíritu joven.

Elvio Cardoza recuerda que recibió la materia de Ciencias Naturales en los años 80  y fue uno “de mis mejores maestros, además de ser un buen amigo. Es una persona dinámica, un maestro que siempre ha sido joven y eso siempre lo transmitió a nosotros y que fuéramos alguien en la vida”.

Marisol Lanzas, periodista y ex alumna de Química del profesor Santiago contó que tiene gratos recuerdos de su maestro, no olvida que a pesar de que viajaba todos los días de Jinotega a Matagalpa, “él siempre estaba puntual en el salón de clases. Nunca llegó tarde”. Con humor recuerda que durante el periodo que el maestro fue disciplinario en el Inep, mandaba a barrer a los estudiantes que andaban fuera de las aulas en horas de clase.

A sus 74 años el docente dice con firmeza que no va a jubilarse y que va a seguir impartiendo clases porque “me gusta lo que hago, me gusta la docencia. Créalo. Yo me siento realizado aquí en el Colegio Simón Bolívar, me siento realizado en el Instituto Nacional Eliseo Picado, que es un referente a nivel nacional”.

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