Reiniciando en el exilio forzado

Parte de la historia de tres jóvenes de Matagalpa que tuvieron que huir hacia Costa Rica

Heyling Marenco estudia el primer año de la carrera de trabajo social en una universidad de Costa Rica, donde permanece en exilio forzado y tuvo que comenzar “desde cero”, porque en una universidad de su país, Nicaragua, la expulsaron del cuarto año de esa misma carrera, le negaron notas y le bloquearon de distintas maneras. Todo porque participó en las protestas antigubernamentales de 2018.

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También por involucrarse en las protestas, a Gender Sotelo Vargas le impidieron continuar con su formación en medicina, carrera de la que cursaba el quinto año en Nicaragua. Él tuvo que exiliarse y como no pudo lograr la convalidación de notas, ahora está comenzando a estudiar la carrera de salud pública en Costa Rica.

Sadie Rivas Siles es otra joven exiliada en el vecino país del sur, uno de los principales destinos que tomaron más de 88,000 nicaragüenses que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fueron forzados al exilio a partir de la crisis sociopolítica desatada en abril de 2018 en Nicaragua.

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De su experiencia, Sotelo cuenta que al estallar las protestas ciudadanas, se juntó con otros jóvenes para atender a las personas que necesitaran atención médica durante las marchas o plantones que contra el régimen de Daniel Ortega eran realizadas en Matagalpa.

Reiniciando en el exilio
Sadie Rivas, Heyling Marenco y Gender Sotelo. MOSAICO CSI | Cortesía

“Nuestro objetivo era apoyar a la población que se pudiera, debido a la negación de la atención médica por parte del Minsa (Ministerio de Salud)”, relató Sotelo Vargas, agregando que recibió constantes amenazas, sufrió persecusión y además “sí tuve problemas en el hospital (de Matagalpa)” al momento de realizar prácticas clínicas.

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Rivas, por su parte, decidió exiliarse por el asedio y persecusión que sufría su familia entera.

“El exilio me lo tomé como un instituto de formación, para formarme, aprender, crecer profesional y humanamente y poder llegar al país dispuesta a ofrecerle todo lo que quiero ofrecerle para construir una Nicaragua más linda y justa”, comentó Rivas.

Marenco, mientras tanto, reflexiona en su exilio que su expulsión de la uiversidad fue “una pasada de cuentas” de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), sin que hasta ahora le hayan explicado por qué la expulsaron.

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“Cuando me dan la notificación de que fui expulsada ya estaba en Costa Rica. Yo sentí en ese momento que se me caía el mundo por segunda vez. La primera vez fue salir del país y salir por punto ciego, porque yo salí sin ningún documento, porque el Estado me negó también mi pasaporte”, contó Marenco.

Los tres matagalpinos comparten el deseo de regresar a la tierra que los vio nacer siempre y cuando hayan condiciones seguras para su retorno, lo que consideran que todavía no existe.

 

 

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