Por qué la Iglesia cubre las imágenes en Cuaresma

La práctica de cubrir las imágenes en la Iglesia también puede trasladarse a los hogares cubriendo con ropas moradas los crucifijos y otras imágenes sagradas

En la mayoría de los templos católicos, las imágenes de los Santos y los crucifijos son cubiertos con un manto morado desde el quinto domingo de Cuaresma: los crucifijos, hasta el Viernes Santo; y las imágenes de los santos, hasta la Vigilia Pascual, para “enfocar a los fieles en el Crucificado”, sin embargo, es una costumbre de la que muy pocos conocen su significado.

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“Las imágenes de los santos representan la glorificación celestial, la glorificación de Dios y, al ser velados, lo que la Iglesia quiere es educar a los fieles, educarnos a todos. para entrar en un misterio de silencio, en un misterio de contemplación, de interiorización para centrar nuestra mirada en el Crucificado que sufre la Pasión y la Muerte, para luego resucitar al tercer día”, explica monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa y administrador apostólico de la Diócesis de Estelí.

El manto con que son cubiertas las imágenes es de color morado, lo cual, según Monseñor Álvarez, “es el signo de penitencia, es el signo de la contrición, el signo del arrepentimiento, de la mortificación que nos lleva a la conversión”.

Esta antigua tradición de la Iglesia tiene un fuerte sentido catequético.

La Revista Aleteia explica en uno de sus artículos que la decisión de mantener o no la costumbre de cubrir las imágenes corresponde tomarla a la Conferencia Episcopal de cada país, porque, “a diferencia del Misal Romano de 1962, las ediciones del Misal de Pablo VI no prevén ya la obligatoriedad de esa práctica (cf. Paschalis Sollemnitatis, n. 26)”.

Imágenes cubiertas catedral Matagalpa
Las imágenes permanecen cubiertas con un manto morado en la Catedral San Pedro Apóstol de Matagalpa. © Mosaico CSI

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En la misma revista explican que al tapar el crucifijo, hasta el Viernes Santo, y las imágenes de los santos, hasta la Vigilia Pascual, la Iglesia anticipa el luto por la muerte del Señor.

En la carta circular Paschalis sollemnitatis de 1988, se lee: «La práctica de cubrir las cruces y las imágenes en la iglesia desde el quinto domingo de Cuaresma  puede ser útilmente conservada según el juicio de la Conferencia Episcopal. Las cruces permanecen cubiertas hasta el final de la celebración de la Pasión del Señor el Viernes Santo; las imágenes hasta el inicio de la Vigilia Pascual».

En la Revista Ecclesia, en tanto, explican que, desde el quinto domingo de Cuaresma, los crucifijos y cruces de las Iglesias se cubren hasta el final del Viernes Santo, cuando se celebra la Pasión del Señor.

En concreto, hasta el momento en el que el sacerdote proclama tres veces, mientras descubre la Cruz: “He aquí el leño de la Cruz, en la que estuvo clavado la Salvación del mundo”. Dicha ceremonia, y la propia oración, no tendría sentido si la Cruz no hubiera estado velada previamente. El resto de las imágenes siguen veladas hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.

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En la Revista Ecclesia también invitan a los fieles a ejercer la práctica desde los hogares.

“Así como la Iglesia de cierta forma ‘simplifica’ el santuario en estas últimas semanas de Cuaresma, con el fin de centrarse en el aspecto penitencial de la temporada, también podemos simplificar nuestros hogares cubriendo con ropas moradas los crucifijos y otras imágenes sagradas. Nos recuerda que Jesús ocultó su gloria durante su Pasión, así también escondemos nuestros objetos religiosos para prepararnos a centrarnos en su Pasión y honrarla”, refiere la Revista Ecclesia.

También invita a los fieles a llevar una prenda morada durante la temporada, “puede ser un detalle como una pulsera, un pañuelo amarrado a tu bolsa o un accesorio que simplemente te recuerde el significado de estas fechas”.

El Domingo de Ramos y el Viernes Santo el morado es sustituido por el rojo por simbolizar la sangre de los mártires y fuerza del Espíritu Santo. Y luego, el Domingo de Resurrección, el color que debemos llevar es el blanco como señal de vida, pureza, alegría y júbilo.

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