Obispo: Nicaragüenses son atacados por cuatro tentaciones

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos señaló este domingo en Matagalpa que esas tentaciones son el odio, la desesperanza, el miedo y la venganza

Obispo Álvarez 26 septiembre 21
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa. © Mosaico CSI | Gentileza de Diócesis Media

El odio, la desesperanza, el miedo y la venganza son las cuatro tentaciones que están atacando a los nicaragüenses, destacó este domingo 20 de febrero, el obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, monseñor Rolando José Álvarez Lagos.

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Durante la homilía en la misa dominical en la catedral San Pedro Apóstol de Matagalpa, monseñor Álvarez disertó sobre las exhortaciones del evangelio, principalmente el perdón, porque “eso es lo que nos hace parecidos al Señor, la misericordia”.

“Una vez más vuelvo e insisto: tres son las tentaciones que atacan a los nicaragüenses: el odio, la desesperanza y el miedo. El odio autodestruye, la desesperanza auto sepulta, y el miedo paraliza. Son tres armas demoníacas, no cedamos ante eso. Ante el odio, el amor. Ante la desesperanza, la esperanza. Ante el miedo, la libertad interior”, refirió el obispo.

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Agregó que “la esperanza que inquieta para obrar y actuar en favor del bien, y, ante el miedo, la libertad interior, porque para ser libres nos liberó Cristo. La verdadera libertad tiene la paciencia de esperar, sin embargo, hoy debo aumentar una cuarta tentación, la venganza, que amarga y vuelve la vida un infierno”.

“Quien vive en la venganza, vive un infierno, su propio infierno. Ante la venganza, el perdón. Perdonemos las culpas cometidas por los demás contra nosotros. El perdón, ciertamente, no surge del hombre de manera espontánea y natural. Perdonar, sinceramente, en ocasiones puede resultar incluso heroico. Cada nicaragüense deberíamos de preguntarnos: ‘si estuviera en nuestras manos la vida, el destino o el futuro de un adversario o de alguien que me ha declarado como su enemigo, ¿qué haríamos?’. Si tu respuesta es cualquiera de esas cuatro tentaciones, deberías cuestionar la vivencia de tu cristianismo”, continuó el obispo.

Explicó que “el amor, la esperanza, la libertad y el perdón nos traen la verdadera paz, no la de los cementerios, no. La paz interior, la que viene de Cristo, esa paz no termina; es una paz auténtica, duradera, inquebrantable e invencible, porque Cristo es nuestra paz”.

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“Concluyo con las palabras de San Agustín, comentando precisamente este texto: Corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, contener y sostener a los débiles, guardarse de los insidiosos, instruir al que no sabe, estimular a los indolentes, aplacar a los pendencieros, moderar a los ambiciosos, animar a los desalentados, apaciguar a los contendientes, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos, tolerar a los malos y amar a todos. Amadísimos hermanos este es el camino de la verdadera Liberación”, finalizó el obispo.

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