Obispo insiste en 4 postulados para cambiar Nicaragua

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos recomendó a los funcionarios públicos y políticos que lean la vida y obra de Santo Tomás Moro y retomó su Segunda Carta Pastoral divulgada a finales de junio

Obispo Virgen de La Merced
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la diócesis de Matagalpa. © MOSAICO CSI | ARCHIVO LUIS EDUARDO MARTÍNEZ M.

El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, sugirió a los gobernantes, funcionarios públicos y políticos del país, que al menos lean “un momentito” sobre la vida y obra de Santo Tomás Moro, para que aprendan cómo este ejerció la función pública. Pero, también insistió en 4 postulados que considera indispensables para cambiar Nicaragua.

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En la homilía que dirigió a los fieles que asistieron este domingo 18 de octubre a la catedral San Pedro Apóstol de Matagalpa, el obispo destacó múltiples cualidades del llamado Patrono de los gobernantes, de quien dijo “iluminó el mundo del gobierno, de la política, con el evangelio, haciendo efectivamente esa distinción entre el César y Dios”.

“Con sencillez me atrevería a aconsejar a las autoridades de gobierno, a los funcionarios públicos y a los políticos de Nicaragua, a que se tomen todos los días un momentito, para leer con afabilidad, con amabilidad, la vida y la obra de Santo Tomás Moro, un momentito, todos los días, sería bueno que lo hagan, reflexionando cómo este hombre ejerció el gobierno y la política como un arte cristiano, como un arte evangélico…”, señaló el obispo.

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El jerarca católico además recordó su Segunda Carta Pastoral, que divulgó en la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo, el 29 de junio recién pasado, en la que propuso que la dignidad humana, la familia, la libertad, y la justicia social sean los 4 postulados para “la reconstrucción moral de Nicaragua”.

Esto es lo que recordó el obispo Álvarez sobre su Segunda Carta Pastoral:

Primero: la dignidad de la persona, que es el bien más precioso que el hombre posee, gracias al cual, supera en valor a todo el mundo material, manifiesta todo su fulgor cuando se consideran su origen y su destino. Creado por Dios a su imagen y semejanza y redimido por la preciosísima Sangre de Cristo. La dignidad humana debe llevar a la construcción de una sociedad donde se respeten todos y cada uno de los derechos humanos, tanto los de naturaleza civil y política, como los de naturaleza económica, social y cultural.

Segundo: la familia, en la que el futuro de la humanidad se fragua, es la célula de comunión que constituye el fundamento de la sociedad, es patrimonio de la humanidad, constituye uno de los tesoros más importantes de los pueblos, ella ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente, la familia es insustituible para la serenidad personal y para la educación de los hijos, la familia es la base de la sociedad y la estructura más adecuada para garantizar a las personas el bien integral necesario para su desarrollo permanente, me refiero a la familia natural y tradicional, tal y exactamente como la fundó Dios en el Génesis.

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Tercero: La Libertad es el bien más noble de la naturaleza, propia solamente de los seres inteligentes, que da al hombre la dignidad de estar en manos de su propia decisión y de tener la potestad de sus acciones. Cada ciudadano decida y actúe desde el interior de su conciencia, libremente y sin miedo a ningún tipo de coacción exterior. Cada quien debe reflexionar con seriedad para decidir lo que considere más justo y conveniente para el presente y el futuro del país. El estado debe respetar la voluntad popular y debe convivir con una ciudadanía confiada en sus capacidades, en su potencial y en la importancia de sus acciones y decisiones para afectar su vida positivamente.

Y cuarto: la justicia social, que sólo puede ser conseguida sobre la base del respeto de la dignidad trascendente del hombre. El principio y el fin de todas las instituciones es la persona. Esto consiste en edificar un estado que encuentre su verdadera realización en la promoción del bienestar y el progreso social y humano, el respeto de la persona humana implica el de los derechos que se derivan de su dignidad de criatura. Estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ella. Corresponde a la Iglesia recordar estos derechos a los hombres de buena voluntad y distinguirlos de reivindicaciones abusivas o falsas. No puede ser de otra forma, la dignidad humana, la familia, la libertad, y la justicia social ofrecidas como dones naturales al hombre no sólo encarnan derechos, sino responsabilidades que el estado y la sociedad deben cumplir, así como compromisos sociales urgentes hacia los más vulnerables, pobres y desprotegidos. Si falta una, el edificio se derrumba”.

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