Obispo de Matagalpa: “Nicaragua se desangra”

Monseñor Rolando José Álvarez lamentó el sufrimiento y desintegración de las familias por la migración forzada y otras situaciones de injusticia. Pero también exhortó a los nicaragüenses a que “nadie nos quite, nos robe la esperanza”

Obispo Matagalpa
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa. Gentileza de Diócesis Media

El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, consideró que Nicaragua está desangrándose por diferentes situaciones de injusticia en el país, incluyendo la migración forzada, alentando a los nicaragüenses a mantener la fe, porque Dios “sigue enviándole profetas a su pueblo”, instando además a que “nadie nos quite, nos robe la esperanza”.

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Durante la homilía de la misa que presidió este domingo 4 de julio en la catedral San Pedro Apóstol de Matagalpa, el obispo Álvarez también clamó por un proceso electoral transparente y en igualdad de condiciones.

Retomando el Evangelio dominical, referido a las prédicas de Jesús en la Sinagoga, el obispo de Matagalpa explicó que Dios sigue asistiendo a los nicaragüenses a través de la Palabra “para que nunca desmayemos en el camino de la vida”.

Jesús, el carpintero de Nazaret en el Evangelio, señaló monseñor Álvarez, representa a los débiles y frágiles y no a los poderosos del mundo.

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“Pensamos entonces en el carpintero de Nazaret y nuestra mente y nuestro corazón también piensan y oran por los miles de migrantes forzados que, sobre todo en estas últimas semanas, buscan un mejor horizonte y salen de su tierra, arriesgando su vida por encontrar lo que nuestro lindo país no les ha brindado, familias enteras, niños con sus padres por el desierto de la migración, en caravanas de dolor que parten el corazón”, dijo el obispo de Matagalpa.

Agregó que “Nicaragua se desangra en el sufrimiento de los privados de libertad, de las familias desintegradas una vez más, del dolor de los enfermos por la pandemia, se desangra por la extrema pobreza, el desempleo, la falta del pan de cada día, por la injusticia con el campesinado, por el irrespeto a la dignidad del trabajador, por el maltrato al obrero”.

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“En cada realidad humana que vivimos los nicaragüenses se encuentra el carpintero de Nazaret, el carpintero de Nazaret está en el que huye, se esconde, está en la viuda, el huérfano, el niño en la calle, en la soledad del anciano, en el que se encuentra solo, desesperado o deprimido, pero también, el carpintero de Nazaret nos manifiesta un Dios cercano, cercano a nosotros a cada uno de los pequeños, de los indefensos, de los que no tienen voz, de los olvidados de siempre, de los marginados, de los explotados, de los humillados, de los excluidos, cercano a los nicaragüenses que nos resistimos y negamos a darle paso a la desesperación y el pesimismo.

No hermanos, no a la desesperación ni al pesimismo. Hemos de seguir anhelando y trabajando por una nueva Nicaragua, una nueva nación con un estado moderno, funcional y plural, un país donde todos alcancemos sin descartes ni exclusiones, sin exclusión ni exclusividades, donde se respete y trabaje en igualdad de condiciones sociales, políticas, económicas, como las que anhelamos y necesitamos en las próximas elecciones. Igualdad de condiciones que le den validez, con las necesarias oportunidades para quienes quieran competir y donde se respete íntegramente al pueblo.

No hay que tener miedo a que el pueblo se exprese libre y responsablemente en su pensamiento y decisión. Sólo cuando se respeta la soberanía de un pueblo en su pensamiento, en su expresión y decisión, es cuando se garantiza la democracia como sistema de vida social.

Los obispos de la CEN (Conferencia Episcopal de Nicaragua) hemos dicho en nuestro mensaje del 11 de junio, en la fiesta del Sagrado Corazón, que queremos y preferimos para Nicaragua un sistema democrático donde la autoridad política es responsable ante el pueblo, y los organismos representativos deben estar sometidos a un efectivo control por parte del cuerpo social.

Hemos también llamado a la unidad, la unidad en torno a los principios morales que han sostenido nuestra historia. Esta unidad es la que permite superar presiones e inercias viciosas, unidad real y efectiva de voluntades y conciencia, capaces de obrar en momentos difíciles, guiados por aquellos principios, valores, y teniendo la mente en el bien común.

Hoy nos hacemos eco de la palabra del apóstol, por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil soy más fuerte.

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Nosotros somos un país débil, pero cuando somos más débiles, es cuando somos más fuertes, cuando somos más frágiles, es cuando Cristo nos hace más fuertes: ‘te basta mi gracia’, dice el Señor, mi fuerza actúa mejor donde hay debilidad, porque ahí se manifiesta más claramente que la obra no es ni será nuestra, sino que la obra en Nicaragua será de Dios y será para la gloria de Dios.

En esta palabra del Señor ponemos nosotros nuestra fe, una fe que sea y esté cimentada en la roca inamovible, una fe en Cristo, una fe que proclame su señorío y su salvación y una fe que nos lleva a la esperanza; porque la esperanza nunca defrauda, como dice el Papa Francisco, que nada ni nadie nos quite, nos robe la esperanza”.

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