Obispo de Matagalpa llama a mantener esperanzas

“Nicaragua tiene que gritar: Señor, sálvanos, ayúdanos”, dice monseñor Rolando José Álvarez Lagos

Obispo Álvarez
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa. MOSAICO CSI

El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, afirmó que Nicaragua necesita de hombres y mujeres que aporten al país, sin esperar que sean otros, especialmente quienes tengan influencia pública, los que busquen soluciones a la crisis sociopolítica que esta nación a traviesa desde abril del año pasado.

Asimismo, en la homilía que pronunció en la misa de este domingo 20 de enero, en la catedral San Pedro Apóstol, el jerarca católico exhortó a los nicaragüenses a confiar en Dios y mantener las esperanzas en que “el Señor está dejando el mejor vino para el final”, en alusión al Evangelio del día.

Monseñor Álvarez disertó sobre el pasaje evangélico conocido como las Bodas de Caná, en las que faltó vino y ocurrió el primer milagro de Jesús. “Falta el vino, falta la alegría, falta la abundancia del banquete, es prácticamente decir que esta boda ha fracasado”, refirió.

Agregó que: “En la actual situación de nuestra Nicaragua, a cuántos de ustedes, a cuántos nicaragüenses les está faltando el vino de la alegría, de la esperanza, de la fortaleza, del consuelo, de la expectativa, del compromiso y de la responsabilidad personal por ir logrando y abriendo nuevos horizontes”.

“A cuántos de ustedes y a cuántos hermanos nicaragüenses les está faltando este vino y sienten que se están derrumbando o que se han ya derrumbado en la abundancia del banquete al que un día el Señor les convocó (…) cuántos piensan que Nicaragua ha fracasado, cuántos piensan que no hay salida, que no hay solución, alternativa, a las dificultades, cuántos han ya clausurado y cerrado las compuertas de la esperanza y de la fuerza que, al haber sido invitados a estas bodas del Cordero, han perdido, se han derrumbado”, prosiguió el obispo.

También se preguntó cuántos nicaragüenses “han bajado sus brazos, porque experimentan que las fuerzas de la lucha cotidiana, por un mundo mejor, ha terminado. Cuántos se sienten ajenos a buscar soluciones y alternativas, cuántos piensan que tienen que ser otros o bien los otros los que deben encontrarlas, cuántos creen que únicamente son aquellos que tienen influencia pública los únicos que deben de gestionarla, cuántos pueden estar esperando un milagro, pero sin la participación de ellos”.

 

Monseñor Álvarez recordó que, en el milagro de la multiplicación de los panes, Jesús “hizo corresponsables a los discípulos” a quienes envió a repartir los panes y los peces, además de ser ellos quienes recogieran lo que sobró.

“Nicaragua necesita camilleros”

Asimismo, recordó el texto evangélico del viernes 18 de enero, en el que cuatro hombres abrieron paso entre la multitud, subieron a un techo y abrieron un boquete para llevar a un paralítico en camilla ante Jesús. Estos hombres “no se quedaron llorando, no se quedaron lamentando la parálisis de aquél hombre, ni siquiera se quedaron expresando palabras de lástima”, señaló el obispo.

Continuó diciendo que Nicaragua “necesita camilleros, me van a perdonar si sueno muy duro para algunos, no hombres y mujeres que se queden allí llorando sus lamentaciones únicamente”.

“También Nicaragua tiene que gritar: ‘Señor, sálvanos, ayúdanos’, pero tenemos que hacerlo. Levantarse del pecado, levantarse de la postración, de la desesperanza, del sinsentido”, dijo el obispo, agregando que “es importantísimo hermanos que cada uno de nosotros, que cada nicaragüense se sienta responsable y allí en su lugar, allí en su medio, allí en su puesto, allí en su ambiente, sea un hombre y una mujer que aporte a Nicaragua, haciendo la voluntad de Dios, hagan lo que Él diga. Hombres y mujeres honestos que creen en la palabra y que el Señor nos ayude a cumplirla”.

“Un pueblo esperanzado en que el Señor actúa en su vida nunca perderá la esperanza, siempre será un pueblo fuerte, valiente, como lo soñaba nuestro gran poeta, ¿se recuerdan? Nicaragua llena de vigor y de gloria”, afirmó el jerarca católico.

Asimismo, advirtió que “cuando hacemos la voluntad de Dios, viene el milagro (…) ¿Cuántos años lleva Nicaragua caminando?… Y tenemos que seguir avanzando, cumpliendo la palabra de Dios, la voluntad de Dios, porque entonces el Señor estará esperando para convertir el agua en vino y dejar el vino mejor para el final”.

 

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