Obispo de Matagalpa celebra misa solo en Managua

Monseñor Rolando Álvarez denunció que con “malacrianza” la Policía impide el acceso de feligreses y sacerdotes, señalando que esa actitud en nada abona a la armonía o al diálogo. También agradece a todos los que se han unido a su ayuno y oración

Obispo de Matagalpa en Managua
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí. © Mosaico CSI | Captura de video

El obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, denunció que la Policía continúa con acciones que “tensionan más las cosas y la situación” en Nicaragua y reiteró el reciente mensaje del clero de Matagalpa de que “siempre es propicio hacer un llamado al diálogo natural, no forzado, para el reencuentro de la familia nicaragüense”.

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Monseñor Álvarez mantiene un ayuno a agua y suero, recluido en la Parroquia Santo Cristo de Las Colinas desde la noche del jueves 19 de mayo reciente, cuando denunció que la Policía arreció su hostigamiento, persiguiéndolo durante todo ese día.

Desde entonces, dijo el obispo, el templo parroquial ha estado vacío, sin presencia física de fieles porque la Policía no permite la entrada y tiene totalmente acordonado el templo. Pero, también han visto que hoy (este domingo 22 de mayo) ningún sacerdote me acompaña, porque dos hermanos que venían a concelebrar conmigo han sido rechazados, impidiéndoseles el paso con malacrianza e incluso con groserías”.

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El obispo señaló que el padre Yedris Calero, rector del Seminario Menor de la Arquidiócesis de Managua, además del sacerdote Pablo Antonio Villafranca, titular de la Parroquia Nuestro Señor de Veracruz, fueron a quienes la Policía cerró el paso a la misa de este domingo.

Al padre Villafranca, relató monseñor Álvarez, “además le dijeron una ofensa contra él y su mamá, con esa palabra tan fea, me van a disculpar, gritándole al otro lado del intercomunicador: ‘a ese hijo de p no lo dejen pasar’. Lamentablemente, insistimos que con ese tipo de actitudes no se abona para nada a la armonía, a la fraternidad, al diálogo, antes bien, se tensionan más las cosas y la situación social que vivimos los nicaragüenses”.

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Monseñor Álvarez continuó refiriéndose al Evangelio del sexto domingo de Pascua, asegurando que la paz mencionada en el texto “no es la paz del olvido, no es la paz de la amnesia, de olvidar, de no tener memoria histórica de los acontecimientos que nos han sucedido, de los acontecimientos pasados, porque el que no tiene memoria histórica se despersonaliza, pierde su identidad, pierde su presente y se le escapa su futuro, porque no aprende de sus errores y tampoco aprende de sus éxitos, de sus virtudes”.

De acuerdo con el prelado, tampoco es la paz de las invasiones a otras naciones, de las guerras, de la violencia o de los cementerios, de quienes están acobardados.

“No es la paz de los poderosos que pretenden imponer su voluntad a toda costa, no es la paz de la represión, no es la paz de las cárceles, no es la paz del torturador, no es la paz del perseguidor. No, no es la paz de los cementerios, no es esa paz, es la paz del que va caminando al Getsemaní, es la paz del que va caminando al Calvario, del que va caminando a la cruz, donde el Señor dice: ‘Padre, perdónales porque no saben lo que hacen’…”, agregó el obispo.

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El jerarca católico advirtió que la paz referida en el Evangelio es la del amor que es también perdón y respeto a las ideas de los otros, a las libertades públicas.

“Es la paz como ha afirmado el clero de la diócesis de matagalpa en su comunicado de este viernes pasado, donde siempre es propicio hacer un llamado al diálogo natural, no forzado para el reencuentro de la familia nicaragüense y juntos sin exclusión crear una nación respetuosa de la dignidad de la persona humana con justicia y libertad”, explicó.

Antes, al comenzar la misa, el obispo de Matagalpa agradeció a todas las personas que “están doblando rodillas” y orando, sumándose al ayuno y oración que él emprendió desde la noche del jueves, hombres y mujeres de buena voluntad que, incluso siendo no creyentes, pero que, con una sana y recta intención, se unen con buenos deseos para que en realidad podamos todos vivir en justicia, en paz, en fraternidad, en santidad, en libertad y amándonos los unos a los otros, como el Señor nos ha amado, y poder vivir todos como hermanos…”.

 

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