Obispo: Atentado fue un golpe “lleno de barbarie”

“La esperanza no defrauda, la necesitamos en estos tiempos que parecen oscuros, donde a veces nos sentimos perdidos frente al mal y la violencia que nos rodea, frente al dolor de tantos hermanos nuestros”, dice monseñor Rolando José Álvarez Lagos

Obispo de Matagalpa
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa, © MOSAICO CSI | Gentileza de Diócesis de Matagalpa

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa, consideró que Nicaragua vive “una noche oscura”, pero exhortó a los nicaragüenses a que sigan depositando sus esperanzas en Cristo y advirtió que, aun siendo atacada de múltiples formas, la Iglesia “seguirá acompañando a los pueblos hasta el final de los tiempos”.

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Durante la misa que celebró este domingo 2 de agosto en la catedral San Pedro Apóstol, a puertas cerradas por la cuarentena ante la pandemia del coronavirus, el obispo de Matagalpa dijo que el atentado en la capilla La Sangre de Cristo de la Catedral Metropolitana de Managua, el 31 de julio reciente, fue un golpe “lleno de barbarie”.

Citando el milagro de la multiplicación de los panes del evangelio dominical, Monseñor Álvarez explicó que “el Señor quiere el aporte del pueblo, su esfuerzo, también quiere que pongamos el dolor en su corazón”.

“Los nicaragüenses hemos de depositar este dolor, este golpe bárbaro, lleno de barbarie, lleno de crueldad contra la historia de la patria, contra la cultura nuestra, y con nuestra propia identidad, ha querido ser un golpe mortal para la identidad misma, para la nicaraguaneidad nuestra, pero depositar ese dolor en el corazón de Cristo, nuestro dolor, como lo hace siempre la iglesia, porque sabe que en el corazón de Cristo encontraremos consuelo, refugio, fortaleza, paz, libertad, vida y vida en abundancia”, dijo el obispo en su homilía.

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Antes, el jerarca católico lamentó que la historia del país está marcada por la violencia, guerras, odio y opresión; pero advirtió que al final de la oscuridad llegará “un nuevo país, donde reine la paz, la justicia, la libertad, donde podamos trabajar con serenidad para ganarnos el pan de cada día con honestidad y dignidad, donde se pueda caminar por las calles sin miedo a que se le atropelle, donde se pueda rendir el culto a Dios en los templos sin miedo a que se les incendie…”.

Una nueva Nicaragua

En esa nueva Nicaragua, según monseñor Álvarez, será donde “se pueda labrar la tierra, vender el producto sin miedo a que se le persiga, donde podamos convivir, compartir la misma mesa como hermanos, donde todos sin exclusión, unos y otros, podamos mirarnos a los ojos sin miedo, sin humillarnos y sin sentirnos extraños, para que en efecto podamos construir una nueva sociedad, una sociedad donde todos podamos caber con el respeto a nuestras diferencias, con la capacidad de construir un futuro digno, tal y como lo merece nuestro pueblo, nuestra gente, nuestra historia”.

Apuntando que “las fuerzas del mismo infierno” no prevalecerán contra Cristo, monseñor Álvarez insistió en que “la esperanza no defrauda, la necesitamos  en estos tiempos que parecen oscuros, donde a veces nos sentimos perdidos frente al mal y la violencia que nos rodea, frente al dolor de tantos hermanos nuestros, necesitamos esperanza”.

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“Mirémoslo a Él, miremos el árbol de la cruz que ha sido quemado, mirémoslo y ahí encontraremos esta fuerza, esta esperanza, esta alegría serena que, aún en medio del dolor, permanece en nosotros porque procede de aquel que, resucitado, nos ha dicho: la paz esté con ustedes”, agregó el obispo.

En el pasaje de la multiplicación de los panes, explicó el obispo, Cristo dio a sus apóstoles y a la Iglesia “la gracia de poder seguir saciando a las multitudes, a la generaciones, a las descendencias, por los siglos de los siglos”.

“Nuestro Dios, que es providencia y misericordia, bendice a su iglesia, nos bendice, podríamos decir, hoy más que nunca, la iglesia que hoy multiplica el pan de vida y sacia el hambre de multitudes con la palabra, los sacramentos y el pan vivo en medio del incendio, del fuego feroz, de la ira del mundo desatada contra la iglesia, esta la iglesia va a seguir dando de comer a las generaciones, seguirá dando de comer sin detenerse a los pueblos, seguirá alimentando sin detenerse al pueblo de Dios, al pueblo que peregrina en estas tierras nicaragüenses, porque Cristo así lo ha querido”, expresó monseñor Álvarez.

El obispo continuó: “Los tiempos pasan y han transcurrido más de 2000 años, pero la iglesia seguirá dando de comer a los pueblos, los tiempos pasan, pero la iglesia seguirá acompañando a los pueblos hasta el final de los tiempos, hasta la eternidad”.

Además, monseñor Álvarez invitó a los nicaragüenses a ver a Cristo y “siempre mirarlo crucificado, colgado, desecho de los hombres, calcinado, para que la memoria se nos refresque siempre, para que las generaciones venideras puedan mirarlo a Él y recordarse de su soberanía, de su grandeza, de la fortaleza que da, y que ha dado siempre a este pueblo durante la historia y que seguramente, indudablemente, nos seguirá dando (…) solamente mirando el amor de Dios que da a su hijo, el cual ofrece su vida por nosotros, sólo así se puede reconocer el camino de la consolación y de la liberación”.

 

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