Obispo Álvarez: “no nos robarán nuestros anhelos de paz”

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, quien es también Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, presidió la misa en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción en Ocotal, Nueva Segovia, donde además renovó la consagración de Nicaragua al Inmaculado Corazón de María

Obispo Álvarez Ocotal
Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico en sede vacante de la Diócesis de Estelí.

El obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, alentó a los nicaragüenses a mantener viva la confianza en Dios para lograr construir una “nueva Nicaragua”, porque la libertad “viene del pueblo” y es algo que no pueden quitar el poder ni la explotación.

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Para el obispo Álvarez, Nicaragua “vive momentos trágicos”, los que comparó con la apocalíptica lucha en la que la Virgen María venció al dragón infernal, en la homilía de la misa que presidió este domingo 15 de agosto en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción en Ocotal, Nueva Segovia.

“Nicaragua vive momentos trágicos, de lucha encarnizada entre el bien y el mal, que como el dragón infernal, quiere acabar con todo lo que encuentra a su paso, que se enciende de furia y de ira ante todo aquello que represente un signo de esperanza, es una fuerza descontrolada y aparentemente devastadora, infernal, que con su cola quiere barrer con la historia, imperar e imponerse en la historia, cerrando toda puerta o ventana de esperanza”, dijo el obispo.

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Sin embargo, agregó: “hoy en la solemnidad de la Asunción, como Ella (la Virgen María), nuestra esperanza se levanta, se alza como el ave fénix y remonta el vuelo, nos llenamos de fuerza, de energía, de vigor, de entusiasmo interior, para gritar sin miedo en los templos, en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestros caseríos, cascadas y quebradas, en las montañas y en nuestras ciudades, que el amor ha vencido al odio, que la esperanza vence a la desesperanza, que no nos robarán las fuerzas, no nos robarán la energía interior ni la tenacidad de construir una nueva Nicaragua, un cambio en nuestra sociedad”.

“No nos robarán nuestros anhelos de paz, de justicia y de libertad. Hoy nos subimos a los tejados para gritar sin miedo que el pueblo nicaragüense está vivo y seguirá vivo, porque es un pueblo que cree, que lucha que trabaja por su dignidad, gritar sin miedo que, porque somos dignos, somos libres, y que porque somos libres no tenemos miedo, y porque no tenemos miedo seguiremos creyendo, esperando, trabajando por nuestra paz, nuestra libertad, y seguiremos repitiendo: ‘porque para ser libres nos liberó Cristo’, no para ser esclavos, porque la esclavitud ya terminó, las cadenas han sido rotas, Dios ha triunfado, el amor ha triunfado, la vida ha triunfado”, continuó monseñor Álvarez.

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De acuerdo con el jerarca católico, “hemos visto y seguiremos viendo que el amor es más fuerte que la muerte, que Dios posee la verdadera fuerza y la da a su pueblo. Somos un pueblo que somos capaces de resurgir hasta de las cenizas, porque la libertad viene del pueblo, no es una dádiva ni regalo de nadie ni es algo que pueda quitar ni el poder ni la explotación. Ha sonado la hora de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado y del poder de su Mesías. Hoy cantamos con María: ‘proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes’, acordándose de su misericordia en ayuda de Israel su pueblo, en ayuda de Nicaragua su pueblo, y hoy decimos: ‘Tu reinarás en nuestra patria, es de María la nación’”.

En la celebración, el obispo renovó la consagración de Nicaragua al Inmaculado Corazón de María.

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