Lidiando con el mal de Parkinson en Matagalpa

Los medicamentos y las terapias para esa enfermedad progresiva son costosas

Mal de Parkinson ilustración
El mal de Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en el mundo. Ilustración de Freepik

Rosa María Castillo sufre el mal de Parkinson, camina con dificultad, esforzándose al máximo para despegar los pies del suelo, y se tambalea mientras avanza sosteniendo unas bolsas con víveres y llevando una vieja mochila en su espalda, mientras sus hijos de 9 y 5 años intentan ayudarla a cruzar la carretera que circunvala por el oeste la ciudad de Matagalpa.

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La mujer y sus niños desafían al tráfico vehicular, algunos conductores suenan bocinas, el chofer de un bus de transporte urbano de la ruta 1 cambia de carril para evitar atropellarlos, mientras la niña de 9 años sostiene a su hermanito, evitando que cruce más.

Rosa María, de 41 años, vive en la comunidad El Roblar, en la comarca Yasica Sur del municipio de San Ramón y llegó con sus hijos a Matagalpa para visitar a su hermana Arelis Castillo, quien reside en el barrio Santa Teresita, al oeste de la ciudad.

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La mujer, que ha perdido facultades de autocuido, dice que sufre el mal de Parkinson desde hace dos años.

Según la organización internacional Parkinson´s Foundation, con sede en Estados Unidos, la enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta predominantemente a las neuronas productoras de dopamina, generando en la persona temblor, principalmente en reposo, bradicinesia (reducción de movimientos, inexpresividad en el rostro), rigidez de las extremidades y problemas de marcha y equilibrio.

Se estima que la enfermedad afecta a un 0.3 por ciento de la población mundial y a un 1 por ciento de los mayores de 65 años, considerándose como la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en el mundo.

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No hay datos oficiales disponibles sobre cuántas personas padecen esta enfermedad en Nicaragua, donde incluso existe, desde 1989, la Asociación Nicaragüense de Enfermos de Parkinson (ANEP).

“Mire, cuando a mí me empezó, primero me agarró como que no podía caminar y me costó hablar”, cuenta balbuceante Rosa María.

Agrega que, en el Hospital César Amador Molina de Matagalpa, le dijeron que se trataba de Parkinson y que su enfermedad no tenía cura. “A mí me da mucha tristeza esta enfermedad, porque la primera vez que fui al hospital me dijeron que de esta enfermedad terminan las personas”.

Según Parkinson´s Foundation, “aunque no existe cura, las opciones de tratamiento varían e incluyen medicamentos y cirugía. Si bien el Parkinson en sí no es fatal, las complicaciones de la enfermedad pueden ser graves”.

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Rosa María sostiene que nunca ha tomado medicina que le ayude a controlar la enfermedad y afirma que muchas veces se ha caído lesionándose incluso la cabeza, ya que pierde el equilibrio.

Los medicamentos pueden ser de gran ayuda para mejorar la calidad de vida de las personas con mal de Parkinson y prolongárselas, explica Isabel Cristina Flores, quien afirma que su papá, ya fallecido, padeció esa enfermedad durante diez años.

Flores también señala que el tratamiento para esta enfermedad debe ser integral, incluyendo “ejercicios, los medicamentos, la importancia de que el neurólogo lo vea periódicamente, (y) si tienes dinero, podés pagar fisioterapia, que ayuda un montón”.

Sin embargo, Flores apunta que para tratar el mal de Parkinson se necesitan muchos recursos, porque los medicamentos y las terapias son costosas y que a su padre le ayudó mucho que el Seguro Social cubriera los medicamentos.

Sin embargo, Rosa María trabajó como cocinera antes de enfermarse, y ahora está desempleada y sin los recursos para pagar las medicinas que necesita.

Flores lamenta las debilidades en el sistema de salud pública para tratar padecimientos relacionados a enfermedades neurodegenerativas y salud mental.

El mal de Parkinson es una enfermedad progresiva del sistema nervioso que afecta el movimiento y deteriora la calidad de vida. Rosa María ha perdido facultades para el autocuido y su hija de 9 años ha asumido tareas para ayudar.

La madre de Rosa María también padeció la enfermedad y nunca tomó medicamentos. Murió hace 25 años.

Arelis, hermana de Rosa María, cuenta que solo recuerda a su mamá con esa enfermedad y su hermana prácticamente asumió su crianza.

Arelis parece haberse adaptado a la enfermedad que aqueja a sus familiares, por ello no se sorprende de que Rosa baje unas gradas enormes cuando llega a visitarla al barrio Santa Teresita.

Además de sus movimientos lentos, la clavícula quebrada de Rosa María es la evidencia del maltrato que sufrió por muchos años de parte de su ex compañero de vida y padre de sus dos hijos, quien está preso por violencia.

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