La angustia familiar de un fallecido por Covid-19

Así fueron los últimos momentos de la vida del conductor de una política de la ciudad de Matagalpa, y de quien un médico dijo que tenía “la enfermedad que está matando al mundo”, porque “es prohibido” admitir el coronavirus

Al final de su historia, ni siquiera pudieron despedirlo como se hacía antes, como se hacía siempre. Los familiares de un hombre de 53 años, que trabajaba como conductor de una política oficialista de la ciudad de Matagalpa, tuvieron que perseguir por varios kilómetros el camión blanco con contenedor que ocupa el Ministerio de Salud (Minsa) para trasladar los cuerpos de los muertos por Covid-19, los cuales deben sepultar con rapidez.

 

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Sin rituales de ninguna índole, un grupo de hombres con trajes especiales de protección, se encarga de bajar el ataúd del camión para llevarlo a una de las fosas hechas a toda prisa con maquinarias municipales, en la mañana del sábado 13 de junio recién pasado, en el sector del barrio al que le pusieron el nombre del designado alcalde orteguista Sadrach Zeledón, al suroeste de la ciudad de Matagalpa, donde han habilitado una especie de “anexo” al saturado cementerio municipal.

Parientes del difunto grabaron videos con celulares y uno, en el que se escucha el llanto desconsolado de una hermana de él, y también se observan maquinarias trabajando en el sitio, fue divulgado a través de las redes sociales, para advertir que, en Matagalpa, la pandemia del Covid-19 ha impactado más de lo que el oficialismo ha admitido.

En la mayoría de los casos los entierros de muertos por Covid-19 han sido nocturnos; pero, excepcionalmente, el de este hombre de 53 años fue en la mañana, por insistencia de las hijas ante la política que este tenía de jefa.

Covid-19 entierro Matagalpa
Excepcionalmente, el entierro del hombre de 53 años fue en la mañana. © MOSAICO CSI | Captura de video

“Mi papá estaba pegado con el virus desde el 20 de mayo. Él pasó en cuarentena, pero no nos avisó que era por sospecha del virus (sino que) él pasó consulta diciendo que le dolían los riñones y la doctora (que le atendió en un centro de salud) le mandó un (medicamento) preventivo”, relató una hija del difunto, pidiendo el anonimato por temor a que “el partido pueda hacernos algo”.

Tuvo que ser hospitalizado

Agregó que entre el 30 de mayo y el 4 de junio, su padre estuvo en cama, pero en su casa. En esa última fecha le visitó personal del Minsa que de inmediato lo remitió al Policlínico Trinidad Guevara Narváez -sede municipal del Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais)- y de allí, a las 10:00 p.m., tuvo que ser llevado al hospital César Amador Molina.

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“A mi hermana le pidieron datos para estarla llamando o que llegara al día siguiente (5 de junio). Ella fue, pero le dijeron que era prohibido… llamaron (telefónicamente) a las tres (de la tarde) y así estuvimos por nueve días, prácticamente, esperando esas llamadas famosas en las que nos decían ‘él está bien, él está vivo, él está luchando, él está con oxígeno’, jamás nos dijeron que tenían pensado intubarlo”, contó la hija.

Prohibido decir que es Covid-19

Durante esas llamadas vespertinas desde el hospital, cuenta la mujer, “le preguntábamos: ‘¿señor, cómo está mi papá, tiene el virus?’, entonces respondía: ‘dejen de preguntar eso, porque eso es prohibido decirlo, ustedes saben que él tiene la enfermedad que está matando al mundo’, eso era lo que nos decía con prepotencia, molestia”.

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Aprovechando el cargo político de la jefa del hombre, las hijas de este la llamaban para que averiguara “la verdad”, pero, según cuenta una de ellas: “siempre nos mintieron”.

Creen que murió más temprano

El 12 de junio, en la llamada vespertina, a una de las hijas del paciente le dijeron que este seguía intubado. Pero, a las 11:00 de la noche llamaron diciendo que había fallecido.

Por otras fuentes, la familia supo que “mi papá había muerto temprano, pero buscaron (avisar) de noche para irlo a enterrar. Entonces, a esa hora, nos fuimos al hospital y no había nadie, las puertas estaban cerradas en el área de emergencias, donde los meten a ellos, y agarramos a patadas las puertas, qué no hicimos de alboroto, para que nos atendieran, pero vinieron y nos echaron a los paramilitares y nos sacaron… nos fuimos donde la jefa de mi papá y le exigimos que le dijera al director que no lo tocara”.

“No soy Poncio Pilatos”

Fue así que les dieron plazo hasta las 10:00 a.m. del 13 de junio para enterrar al hombre. Cuando las hijas fueron a retirar el cuerpo, “nos estaban dando el ataúd sellado, sin saber si en realidad era mi papá, entonces le exigimos al fiscal (empleado del hospital), y al director, que queríamos ver a mi papá. El director dijo que daría permiso a que lo vea una, pero le dijimos que éramos tres hijas y que las tres teníamos que verlo… Entonces el director dijo: ‘salgo de mi responsabilidad, no soy Poncio Pilatos, pero me lavo las manos a partir de este momento (por) lo que ustedes hagan y corran peligro… nos dejaron entrar a verlo… Donde él estaba no es ni la morgue…”.

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El cuerpo del hombre fue llevado en el camión del Minsa. En el cementerio “ya estaban esperando esos de blanco”. Una parte de la familia del difunto se había adelantado a esperar el féretro en ese sitio.

Desde el hospital, al norte de la ciudad de Matagalpa, hasta el cementerio, al extremo suroeste, las hijas y otros familiares siguieron al camión en otro vehículo. Querían ver, aunque fuese de lejos, el entierro. Supieron, además, que había maquinarias haciendo más excavaciones.

Datos divergentes sobre el Covid-19 en Matagalpa

En sus informes semanales y nacionales, hasta el 16 de junio el Minsa había reportado 1,823 casos positivos de Covid-19 en todo el país, de los cuales, 1,238 personas se han recuperado y solo 64 han fallecido. Manteniendo la política estatal de secretismo y censura, el Minsa no reporta los casos a nivel de departamentos o municipios.

Pero, el 14 de junio, el delegado departamental del Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais), dependencia del Ministerio de Salud (Minsa) en Matagalpa, Erasmo Jarquín, aseguró que solo en el municipio de Matagalpa, “más de 3,000 prsonas” tenían sintomatologías respiratorias por las que estaban siendo medicadas “en resguardo domiciliar”, porque las visitas “casa a casa” que estaba haciendo el personal de salud, había permitido “contener la pandemia (del covid-19) en el domicilio”.

Mientras tanto, con datos cortados al 17 de junio, el Observatorio Ciudadano Covid-19 Nicaragua registra al menos 610 casos sospechosos solo en Matagalpa, el segundo departamento con más cantidad de casos después de Managua.

Hasta esa misma fecha, el Observatorio Ciudadano registra 102 muertes en Matagalpa, 4 de estas “por neumonía” y 98 “sospechosas de Covid-19”.

En su sitio web, el Observatorio Ciudadano aclara que esa información es obtenida por “un esfuerzo colaborativo de un equipo interdisciplinario” y que el mismo “no es un informe oficial de la situación del país”.

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