Julio Rayo y sus anécdotas en Matagalpa

En al menos un par de sus documentos oficiales aparece como Julián, pero todos le llaman Julio. Es todo un personaje en la también llamada Perla del Septentrión, donde ejerció múltiples oficios, incluyendo el arbitraje de béisbol

Julio Rayo Martínez es todo un personaje en la ciudad de Matagalpa, donde es fácil reconocerle vendiendo lotería o dando de comer a los pájaros en una banca en el parque Rubén Darío, la antigua Plaza Laborío donde alguna vez jugó béisbol o trabajó como árbitro de este deporte que le apasiona y del que cuenta múltiples anécdotas.

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“Chagüitillo”, le dicen sus contemporáneos, porque sus padres matagalpinos Eligio Rayo y Rosa Martínez establecieron su hogar en esa localidad del municipio de Sébaco, donde nacería Rayo Martínez en junio de 1932, lo que sería todo un “fiestón” para la familia.

De una primera relación, dice Rayo Martínez, “mi mamá tuvo tres hijos mudos, dos varones (Lázaro y Pedro) y una mujer (Esperanza)… Yo soy el cuarto hijo, y ella cree que yo vengo mudo, pero me agarró de los piecitos y me dio así en la nalguita, entonces dije: ‘ay mamá, me dolió’, y se asustó la viejita, (pero) hizo fiesta: ‘ve, este bandido va a hablar’. Fue fiestón el que hizo”.

En los campos de la Villa Chagüitillo trascurrió la infancia de Rayo Martínez, ayudando en distintas tareas, como la búsqueda de leña; estudiando por las tardes y siempre con cierto tiempo para jugar.

De esa época recuerda que, con varios familiares, caminaban hasta Matagalpa para ir a las Purísimas.

Cuando tenía cerca de 15 años, fue contratado por Heliodoro Guevara como ayudante de un camión, pero después aprendió a manejar ese tipo de vehículos. Posteriormente trabajó como taxista, vendedor de lotería y en este último oficio “una vez hasta vendí el premio mayor”.

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Rayo Martínez vive con su esposa María del Rosario García Centeno, varios años menor que él. “Yo tenía 17 años cuando lo conocí”, relata ella, agregando que eso fue en un río al norte de la ciudad.

“Me enamoré y él se enamoró de mi y me robó, al contrario, él dice que yo me lo robé”, relata García sonriente, agregando que tuvo 15 hijos, aunque siete “murieron chiquitos” y ocho sobreviven.

“Es un gran hombre, buen esposo, pero solo es chistes y yo lo regaño”, dice García, aunque admite que siempre ha disfrutado del buen humor de su marido.

Anécdotas de Julio Rayo
Julio Rayo Martínez. © MOSAICO CSI

Entre sus múltiples oficios, Rayo Martínez pasó cerca de 20 años “cantando la Chalupa”, un juego tradicional parecido al Bingo estadounidense, pero que en virtud de números usa figuras.

“El que le cantó a San Pedro”, es uno de los acertijos pronunciados con frecuencia por Rayo Martínez, para anunciar la figura del gallo en La Chalupa.

La voz de este personaje resuena los fines de semana, invitando a los juegos del equipo Indígenas de Matagalpa en el estadio Chale Solís, eso lo aprendió, dice, “con el Camarada Colocho”, como llamaban a Tomás Pravia, quien fue famoso en la prestación del servicio de perifoneo en la Perla del Septentrión y con quien grababa las invitaciones a dúo.

Otras anécdotas

Para eso, aprendió a hacer coplas para los negocios que mencionaban. Ahora solo es la voz de Rayo Martínez la que anuncia jonrones en las invitaciones al béisbol.

“Un día estoy frente al estadio, están las bases llenas y me paré al lado del portón, y comienzo: ‘la bola se va, se va, se va…’, pero se poncha Justo Rivas (entonces jugador de Matagalpa), me escaparon de linchar: ‘andá narrá a otra parte, mentiroso, no ves que el hombre se ponchó”, relata alzando las manos.

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Rayo Martínez dice que practicó el béisbol. Jugaba en la primera base, el jardín derecho y de vez en cuando lanzaba. “Tiraba mi ‘yoyito’ y era bueno”, sostiene.

“Una vez, vengo corriendo para el home, pero me escapo de caer y me ponen out. El narrador de una radio dice: “muerto Julio Rayo en el home plate”, entonces al rato llega una ambulancia de Cruz Roja y mi mamá, empujando a toda la gente, llega donde el juez y le dice: ‘mi hijo muerto en el home plate’, entonces el juez le contesta: ‘allá está tendido en el right field’, peor fue, casi la mata, porque ella creyó que tendido era muerto”, relata riéndose de lo que él califica como “una zanganada del narrador”.

La risa prosigue con sus anécdotas: “me retiré del béisbol cuando, corriendo en primera base, me mandan al robo de la segunda base, yo llego safe. Entonces el narrador dice: ‘se robó la segunda base Julio Rayo’. El juego lo ganamos, y cuando llego a la casa, mi mamá me deja ir un chilillazo. ‘Yo no te he enseñado a ser sinvergüenza’, me dijo. Entonces dejé de jugar”.

Durante varios años, Rayo Martínez fue árbitro de béisbol y cuenta múltiples anécdotas en esa faceta, incluyendo la vez que, con corredor en primera base, un bateador de un equipo del municipio de San Isidro, al que no identificó, conectó un elevado al infield.

“Infield fly”, decretaron los árbitros, sin percatarse que, al contacto con el bate, la pelota perdió el forro de cuero. “Uno agarró el forro, y otro agarró la pelota de hilo, entonces nos reunimos los jueces y dijimos: ‘infield fly es out el bateador, pero el forro es parte de la pelota, entonces es doble play’. Doble play cantamos y así se quedó”.

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