Faltan 5 pa’ las 12, historia de la emblemática canción

El himno melancólico de Año Nuevo retrata el duro contraste de emociones que deja terminar un ciclo

Faltan 5 pa las 12
Su compositor fue el venezolano Oswaldo Oropeza, el mismo de ‘Mamá, ¿dónde están los juguetes?’. FOTO: @eventsworld.bc, iStock

“Las campanas de la iglesia están sonando / anunciando que el año viejo se va / la alegría del Año Nuevo viene ya / los abrazos se confunden sin cesar”, canta en un primer momento una voz grave acompañada por un sentido arreglo musical. Es la canción Faltan 5 pa’ las 12.

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Luego la sonata se llena de más ímpetu y el cantante lanza un anuncio que profundiza el aura melancólica:

“Me perdonan que me vaya de la fiesta / pero hay algo que jamás podré dejar / una linda viejecita que me espera / en las noches de una eterna Navidad”.

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En adelante, la escena es compuesta: un hombre entona, su coro lo respalda y millones de personas escuchan la letra entre lágrimas a escasos instantes de que se cierre un ciclo más.

Ese es el impacto de Faltan cinco pa’ las doce, la canción que se ha convertido en el himno de cada fin de año desde hace más de 50 años en el país.

¿En qué está inspirada? ¿Cómo se produjo? ¿Qué es lo que quiere decir su estribillo?

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Faltan cinco pa’ las doce cobró vida para el fin de año de 1963 gracias al trabajo del compositor venezolano Oswaldo Oropeza (el mismo de Mamá, ¿dónde están los juguetes?) y el intérprete Néstor Zavarce.

En ese entonces, la intención con la melodía simplemente era completar un álbum de estudio de cerca de 10 canciones.

Sin embargo, el tema comenzó a ganar tanta popularidad que, literalmente, se ‘les salió de las manos’ y el público venezolano lo convirtió en un himno nacional.

Luego, como comprueba la historia, se transformó en un verdadero patrimonio del fin de año latinoamericano.

La canción cumplió un papel determinante en la carrera de Oropeza y Zavarce, pues ambos cobraron inmenso reconocimiento.

Hasta entonces, de acuerdo con medios especializados en la música venezolana, ninguno de los dos había gozado de mayores comodidades económicas.

De hecho, algunos de ellos han apuntado que Zavarce tuvo que pedir dinero para comprar la ropa para su primera presentación.

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Sobre Oropeza han dicho que debió trabajar desde muy pequeño para aportar económicamente en su hogar.

Quizás esa experiencia personal de haber vivido el ‘lado menos amable’ de la vida a tan temprana edad favoreció la exploración sentimental que ambos sacaron a relucir en Faltan cinco pa’ las doce.

Acerca de la historia real detrás del icónico tema no se ha logrado decretar una versión puntual.

Sin embargo, según han informado algunos medios venezolanos, la ‘vena navideña’ de Oropeza viene de una tradición familiar en la que el fin de año merecía un capítulo aparte.

Las experiencias junto a sus cinco hermanos habrían sido los motivantes de su interés por abordar el fin de año de una manera sentida y, sobre todo, original.

 

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En cuanto al significado, fue Néstor Zavarce quien, en una entrevista con RCN, a finales de la primera década del nuevo milenio, entregó detalles sobre los tres valores que, según dijo, contiene el estribillo:

– La fe expresa en la parte de que “las campanas de la Iglesia están sonando”

– La solidaridad implícita en “los abrazos que se confunden sin cesar”

– El amor retratado en la idea de la “linda viejecita que me espera en las noches de una eterna Navidad”.

Después del ‘boom’ de la versión original, cada cierto tiempo se han lanzado varias adaptaciones de Faltan cinco pa’ las doce.

En Colombia, el barranquillero Aníbal Velásquez fue quien adaptó fructuosamente la canción al ritmo de la música de guaracha.


Esa, quizá, sea una de las versiones más escuchadas en Colombia.

Oswaldo Oropeza falleció el 3 de diciembre de 1998 y Néstor Zavarce el 27 de agosto de 2010.

Actualmente su legado sigue más vigente que nunca gracias a que ‘Faltan cinco pa’ las doce’ no ha parado de sonar.

A lo mejor, esa constante se mantenga por muchos años más pues, como dice el estribillo, la Navidad es “eterna”.

Este artículo fue publicado originalmente por El Tiempo de Colombia.

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