Jesús nunca se dejó seducir por el poder y la gloria

Mons. Silvio José Báez
Mons. Silvio José Báez
El autor es obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua. Carmelita Descalzo, fue ordenado sacerdote en 1985. Estudió Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana y se...
8 Min Read

HOMILÍA DEL I DOMINGO DE CUARESMA

Miami, 22 de febrero de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

El primer domingo de cuaresma el Evangelio nos invita a contemplar a Jesús tentado por el diablo al inicio de su ministerio (Mt 4,1-11). Como todos los hombres, también Jesús experimentó la tentación. Sintió la seducción de una voz distinta a la de Dios, incitándolo a apartarse de su voluntad y seguir caminos aparentemente más razonables y eficaces.

La tentación es ese momento en que nos sentimos seducidos por algo que nos parece atrayente, que promete placer o alegría, pero que en el fondo arruina nuestra vida y nos aleja de Dios. En la tentación, el mal se disfraza, se presenta atractivo y con apariencia de bien. Para no caer en su engaño, necesitamos discernimiento y lucidez espiritual.

Las tentaciones de Jesús no fueron solo un episodio de su vida al inicio de su ministerio; fueron una experiencia constante hasta la cruz. Jesús enfrentó la tentación fundamental de apartarse de la voluntad de Dios y seguir caminos distintos a los suyos. Sin embargo, aunque fue tentado como nosotros, se mantuvo fiel a la voluntad del Padre hasta el final. Ahora, está siempre a nuestro lado para sostenernos con su amor y fortalecer nuestra fe en el momento de la prueba.

En la primera tentación, Jesús, hambriento después de ayunar cuarenta días, es provocado por el diablo para que transforme las piedras en pan (cf. Mt 4,3). Jesús no cede a la tentación y responde: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8,4). Jesús no se deja llevar por el instinto egoísta de saciarse. Aunque reconocía la importancia de comer, su verdadero alimento era cumplir la voluntad del Padre (cf. Jn 4,31-35).

Para vivir es necesario comer, pero los anhelos más profundos no se satisfacen solo alimentando el cuerpo y dejándonos arrastrar por los instintos. La satisfacción de las necesidades materiales es importante, pero no es suficiente. Nos volvemos más humanos y felices cuando alimentamos nuestra vida con la palabra del Padre, que nos llama a vivir como hermanos. No podemos hacer de la satisfacción de las necesidades materiales el fin último de nuestra vida y pensar que la felicidad está en la posesión y disfrute de los bienes. La verdadera felicidad no está en poseer cosas o usar a las personas para nuestro provecho, sino en compartir lo que tenemos y servir con amor y respeto a los demás.

En la segunda tentación el diablo lleva a Jesús al templo y le sugiere lanzarse al vacío, citando un salmo que asegura la protección divina (cf. Mt 4,5-7). El diablo le sugiere usar interesadamente a Dios, poniéndolo a su servicio. Jesús no cede a la tentación y le responde: “No tentarás al Señor tu Dios” (Dt 6,16). Jesús nunca buscó aprovecharse de Dios para evitar el esfuerzo humano de vivir con responsabilidad, sino que confió siempre en su amor incluso en los momentos más oscuros.

Esta tentación aparece cuando queremos huir del esfuerzo y de los riesgos propios de la vida, queriendo que Dios resuelva nuestras dificultades. La vida es ardua y exigente, y Dios no nos ahorra las dificultades, pero nos asegura su presencia cercana y amorosa que nos sostiene y acompaña. Tampoco frente a los problemas sociales debemos ser pasivos. Debemos tomar decisiones valientes y asumir compromisos arriesgados. No podemos esperar soluciones milagrosas, sin luchar y organizarnos, pero siempre confiando en el amor de Dios que no nos abandona y despliega su fuerza en nuestra debilidad.

En la tercera tentación, el diablo ofrece a Jesús todos los reinos del mundo”, si se postra y lo adora (cf. Mt 4,8-11). Jesús responde: “Adorarás al Señor tu Dios, y solo a él darás culto” (cf. Dt 6,13). Jesús nunca se dejó seducir por el poder y la gloria, sino que eligió siempre hacer la voluntad del Padre a través del servicio humilde y el amor sin límites. No vino para dominar, sino para servir y dar la vida por todos (cf. Mc 10,45).

El deseo de imponernos y dominar está presente en todos los seres humanos. Es grande la tentación de buscar poder, fama y el éxito a cualquier precio. La convivencia cotidiana se hace más difícil cuando cada uno lucha por imponerse. A nivel social, los más nobles ideales se pervierten a causa de las ambiciones egoístas y las luchas de poder. El poder es un ídolo al que los tiranos sacrifican la libertad y la esperanza de los pueblos. El diablo le revela a Jesús que el poder, las riquezas y la gloria mundanas son suyas y que él las da a quien lo adora. Quienes usan del poder para oprimir, están al servicio del diablo.

La vida tiende a fragmentarse y desordenarse. Necesitamos unificarnos interiormente. La cuaresma es un tiempo para poner orden en nuestro corazón, en nuestro cuerpo y en nuestro tiempo. Es un itinerario luminoso para permitir que el Señor renueve nuestra vida, borre las manchas y sane las heridas del pecado, haciendo florecer nuestra existencia en toda su belleza hasta la plenitud del amor, que es la única fuente de verdadera felicidad (cf. Papa León, Angelus, 22/2/2026).

Suscríbase a nuestro Canal de YouTube

En esta cuaresma busquemos momentos de silencio para rezar, leer la Biblia y meditar en la Palabra de Dios. Escuchemos al Señor y escuchémonos entre nosotros. Seamos bondadosos, preguntémonos cómo hacer la vida de los demás más feliz. El ayuno y la penitencia de estos días no son castigos, sino instrumentos para ordenar la vida y crecer en el amor. Renunciemos a tener y disfrutar en modo egoísta para ayudar a quién está necesitado, no murmuremos ni hablemos mal de nadie, limitemos el tiempo que pasamos en las redes sociales para prestar más atención a las personas, cortemos las relaciones que nos están dañando y dañando a otros. Volvamos al Señor.

En esta cuaresma, detengámonos y preguntémonos si estamos viviendo como deberíamos y si estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos. Pidamos al Señor que su Espíritu fortalezca nuestra libertad, nos ayude a rectificar los senderos equivocados de nuestra vida y nos haga volver a él con confianza y alegría.

Silvio José Báez, o.c.d.

Obispo Auxiliar de Managua

Compartir este artículo
El autor es obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua. Carmelita Descalzo, fue ordenado sacerdote en 1985. Estudió Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana y se doctoró en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, donde también fue profesor. En 2009 fue nombrado obispo auxiliar de Managua por el papa Benedicto XVI. Vive en el exilio desde 2019, tras amenazas de muerte, y ha recibido reconocimientos internacionales por su labor pastoral y su defensa de los derechos humanos.