El obispo de la Diócesis de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Carlos Enrique Herrera Gutiérrez, celebró la misa de este Miércoles de Ceniza en la Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles, en Guatemala, donde llamó a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión sincera y de reconciliación con Dios.
“El Miércoles de Ceniza es un día grande, es la puerta de entrada a la Cuaresma, en la que inicia la peregrinación hacia la Pascua”, dijo el obispo en el inicio de su homilía centrada en el marco litúrgico.
Monseñor Herrera, desterrado de Nicaragua por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo el 13 de noviembre de 2024, recordó el contexto de calamidad que vivía el pueblo de Israel bajo la plaga de langostas, y explicó que el profeta Joel interpretó aquella desgracia como consecuencia del pecado y del alejamiento de Dios, por lo que exhortó: “Todavía es tiempo. Vuélvanse a mí de todo corazón, con ayunos, con lágrimas y llanto; enluten su corazón y no sus vestidos”.
Además, mencionó que Dios no busca gestos externos ni prácticas superficiales, sino una transformación real.
“El ayuno será aceptado si brota de un corazón arrepentido”, afirmó el obispo de Jinotega, añadiendo que la Cuaresma debe convertirse en una “permanente conversión del corazón y un recordatorio de la misericordia del Padre”.
Al reflexionar sobre el Evangelio, monseñor Herrera advirtió contra la tentación de convertir las prácticas religiosas en exhibición pública.
“Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial”, citó a San Mateo.
Luego explicó que Jesús no rechaza esas prácticas, sino el modo equivocado de realizarlas.
Sobre la limosna, señaló que el error consiste en dar “de un modo vistoso para ser reconocido y aclamado por los otros”, mientras que el modo correcto implica hacerlo sin buscar recompensa, como un deber de compartir con quienes no tienen nada.
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El obispo de Jinotega también recordó que Jesús criticó a quienes buscaban llamar la atención en público y enseñó a orar en secreto, con la certeza de que “Dios es Padre y que me abraza”.
“La limosna, la oración y el ayuno no son métodos de pago para comprar el favor de Dios, sino la respuesta de gratitud al amor recibido y experimentado”, dijo el prelado.
Desde el exilio, el obispo de Jinotega encomendó a los fieles vivir este tiempo “en el espíritu de fe, esperanza y caridad, hacia la Pascua de Cristo Resucitado”.

