La “nahualización forzada” es el concepto con el que el historiador matagalpino Eddy Kühl Aráuz cuestiona una de las ideas más repetidas sobre el pasado indígena de Nicaragua: la supuesta expansión amplia y dominante del náhuatl en el territorio.
En una reciente publicación en redes sociales, Kühl sostiene que la presencia del náhuatl fue sobredimensionada desde la colonia y luego reproducida por intelectuales y estudios posteriores.
“La presencia del náhuatl en Nicaragua fue exagerada por los españoles y por los criollos”, escribe, y añade que incluso algunos lingüistas como Alfonso Valle y Dávila Bolaños reforzaron esa lectura sin atender la realidad histórica del territorio.
“Los que llegaron al valle de Nicaragua allí por el año 1000 fueron poquísimos”, afirma Kühl, destacando que esa llegada limitada no explica la atribución generalizada de topónimos ni de una identidad náhuatl en amplias zonas del país.
El historiador detalla que en “en el 90% de la zona del Pacífico de Nicaragua se hablaba solamente el mangue, el maribio y restos del ulúa”, mientras, en el Centro y Norte, agrega Kühl, los hablantes de náhuatl casi no llegaron, salvo casos puntuales vinculados a personas trasladadas como esclavas durante la conquista. En la Costa Caribe, remarca, “nunca llegaron”.

Kühl explica que el origen de esta distorsión se remonta al período colonial y señala que los misioneros enviados desde Nueva España (México) llegaron formados en náhuatl y esperaban encontrar esa lengua en los pueblos que debían evangelizar. Al no hallarla, comenzaron a rebautizar comunidades indígenas existentes.
“Cada vez que encontraban un nuevo pueblo indígena con nombre mangue, maribio o ulúa, le ponían nombre náhuatl, sumado al de algún santo cristiano”, escribe.
También podría interesarle: Indígenas matagalpa: el desafío de preservar su identidad
Como ejemplo, menciona San José de Cusmapa, cuyo nombre —explica— proviene del ulúa-matagalpa. “Cusma significa zopilote y apa, peña: Peña de los zopilotes”, detalla, una etimología que contradice interpretaciones que la vinculan al náhuatl y que, a su juicio, refleja el desplazamiento de significados indígenas originales.
A lo largo de su trabajo, Kühl ha insistido en revisar estas lecturas desde una perspectiva regional.
Miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua y autor de más de una veintena de libros sobre historia y cultura, Kühl ha dedicado buena parte de su obra a documentar la diversidad indígena del Centro y Norte del país.
Suscríbase a nuestro Canal de YouTube
El planteamiento de Kühl coincide con otras lecturas críticas sobre la forma en que se ha narrado el origen de los pueblos indígenas de Nicaragua.
El arqueólogo Uwe Paul Cruz Olivas, en el artículo “Reflexiones sobre los pueblos originarios del Pacífico, Centro y Norte de Nicaragua”, publicado en 2018 en la Revista Nicaragüense de Antropología Raíces, advierte sobre un proceso de “choroteguización” del Centro-Norte del país.
“Algunas organizaciones no gubernamentales y el Estado mismo han tergiversado el origen étnico de algunos pueblos del centro-norte, adjudicándoles un supuesto origen ‘chorotega’, utilizando la misma tesis de 1967 de Julián Guerrero y Lola Soriano, quienes choroteguizaron y nahualizaron todo el centro norte del territorio nacional”, escribe Cruz Olivas.
El arqueólogo sostiene que esta forma de clasificar el territorio simplificó procesos históricos complejos y redujo la diversidad cultural a etiquetas amplias. Junto a otros especialistas nacionales y extranjeros, respalda la propuesta del Área Cultural Ulúa-Matagalpa, que abarca nueve departamentos de Nicaragua, el sur de Honduras y el oriente de El Salvador.
Para Kühl, la persistencia de términos como Jinotegalt o Juigalpant responde a esa misma lógica.
“A la fecha se usan cantidad de nombres inventados donde nunca hubo nahuas”, afirma Kühl, al referirse a expresiones que continúan proyectando una identidad ajena sobre territorios con raíces culturales propias.
Los planteamientos de Kühl y Cruz coinciden en señalar que la historia oficial de Nicaragua privilegió una mirada pacífico-céntrica, que extendió categorías del Pacífico al resto del país y dejó en segundo plano la diversidad indígena del Centro y Norte.

