Monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, llamó a los cristianos a renunciar a cualquier complicidad con la corrupción y la violencia, y a colocarse del lado de las víctimas del poder injusto, al reflexionar sobre el sentido ético del Evangelio frente a realidades de exclusión e injusticia.
Durante la homilía en la misa que celebró este domingo 8 de febrero en la Parroquia Santa Agatha, en Miami, Florida, monseñor Báez centró su reflexión en el pasaje evangélico que presenta a los creyentes como “sal de la tierra” y “luz del mundo”, y afirmó que la fe cristiana exige una postura ética clara frente a las injusticias.
“Como ‘sal de la tierra’, los cristianos debemos impedir que la historia se corrompa, se pudra. Somos sal de la tierra si tenemos un corazón limpio, renunciamos a ser cómplices de los corruptos y luchamos para que en la convivencia prevalezca la honestidad y la verdad”, dijo el obispo auxiliar de Managua.
Agregó que “somos sal de la tierra si no somos esclavos de los ídolos del poder o del dinero que corrompen y producen marginación y miseria. Somos sal de la tierra cuando buscamos caminos de paz y de justicia, estamos de parte de las víctimas del poder injusto y defendemos la dignidad humana. También lo somos cuando no nos dejamos dominar por la irracionalidad y la violencia, sino que actuamos con compasión y bondad, sembramos esperanza y promovemos la unidad”.
En su mensaje, monseñor Báez alertó sobre el riesgo de una fe vacía de contenido, recordando las palabras del Evangelio cuando advierte que la sal puede volverse insípida y perder su sentido.
“Sería doloroso que perdiéramos el gozo de dar sabor a la vida”, dijo monseñor Báez, aunque señaló que Dios no desecha a quienes atraviesan momentos de debilidad espiritual.
“No se trata de fariseísmo ni exhibicionismo, sino de coherencia”, dijo monseñor Báez al explicar el llamado a ser “luz del mundo”, una luz que, según afirmó, no es propia, sino reflejo de Jesús.
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Sostuvo también que esa luz se manifiesta en acciones concretas: “Iluminamos el mundo a través de nuestra vida sencilla y honesta, con nuestra ternura con los más frágiles, nuestra capacidad de perdonar siempre, nuestra incansable lucha por la justicia y nuestros esfuerzos por crear puentes que lleven a la paz”.
Asimismo, monseñor Báez exhortó a los fieles a no dejarse vencer por el pesimismo ni el miedo, al apuntar que “debemos ser faros de esperanza en un mundo que a menudo parece dominado por la oscuridad”, y recordó que la fuerza para sostener ese testimonio nace de la comunión con Jesús en la Eucaristía.

