El sacerdote nicaragüense Nils de Jesús Hernández, párroco de la Parroquia Reina de la Paz en Waterloo, Iowa, afirmó que no existen condiciones para hablar de reconciliación entre la Iglesia católica y el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.
“Hablar de reconciliación entre el régimen y la Iglesia carece de sustento mientras persistan las condiciones de represión, persecución y control de la fe. No puede haber reconciliación sin verdad, justicia y respeto efectivo a la libertad religiosa”, escribió el padre Nils en un comunicado difundido este 5 de febrero.
En el mismo texto, el sacerdote advirtió que “la fe cristiana no puede ni debe ser utilizada para legitimar un poder que viola sistemáticamente los derechos humanos y restringe la libertad religiosa”.
Además, el padre Nils describió la situación de la Iglesia como un escenario de presión constante, al señalar que en Nicaragua “lo que se observa no es un conflicto aislado ni un malentendido institucional: es un ataque sistemático a la libertad religiosa y al papel crítico de la Iglesia en la sociedad”.
Esa realidad, según escribió, ha golpeado directamente la vida pastoral: “obispos y sacerdotes han sido desterrados, encarcelados o forzados al exilio”, lo que, a su criterio, “ha quebrado la estructura pastoral y dejado a muchas comunidades sin guía espiritual ni apoyo institucional”.
También afirmó que “congregaciones religiosas han sido expulsadas de sus parroquias y conventos, mientras templos y espacios de culto son objeto de vigilancia constante”, una situación que —según el comunicado— busca “intimidar y limitar la labor pastoral y social de la Iglesia”.
El texto agrega que “el régimen controla qué se comunica y qué no desde la Iglesia” y menciona “silencios forzados ante injusticias” junto con la participación obligada de figuras religiosas en actos oficiales, prácticas que describe como intentos de “crear la ilusión de armonía, mientras se reprime la denuncia y la conciencia crítica”.
El padre Hernández también cuestiona el uso y manipulación de símbolos y figuras históricas de la Iglesia en actos oficiales.
Según el texto, “la instrumentalización de símbolos religiosos, como la medalla del cardenal Miguel Obando y Bravo, no es un acto de reconciliación ni homenaje: es un intento de manipular la memoria histórica y convertir la fe en un instrumento político”.
Añade que ese tipo de gestos no honra la historia de la Iglesia, sino que la coloca al servicio de una narrativa de legitimidad que, según su postura, no corresponde con la realidad del país.

