De intocable verdugo a sombra demacrada

Nadezhda Obando Cerna, sobrina de Lenin Cerna, sale de la cárcel delgada, sin sonrisa y fingiendo gratitud en medio de un acto humillante para quién ostentó poder...

Yáder Morazán
3 Min Read
Nadezhda Obando Cerna. Foto CCC

Muchos se negaron a creerlo. El 25 de enero de 2025, cuando advertí que la familia Obando Cerna —esos pilares intocables del extinto Poder Judicial, sobrina de Lenin Cerna incluida— empezaba a caer en desgracia, la respuesta fue casi unánime: “Imposible. Son demasiado leales, demasiado protegidos, demasiado cercanos al núcleo”.

Ayer, 10 de enero de 2026, la realidad les cerró la boca de golpe. En el acto por los 19 años en el poder de la pareja presidencial —y bajo intensa presión internacional de Estados Unidos, que exigió la liberación de más de 60 detenidos injustamente en medio de un contexto regional agitado—, el régimen excarceló aproximadamente a 30 presos políticos.

Entre ellos apareció Nadezhda Obando Cerna, la misma que utilizó técnicas de espionaje heredadas de su tío para cazar a los “no alineados” desde 2018, la que participó en despidos masivos, operativos contra opositores internos y respaldó los atropellos que cometió su hija, la jueza-verdugo Nalia Úbeda Obando, contra sacerdotes, periodistas, choferes de La Prensa y líderes opositores.

Creían que su lealtad absoluta, su parentesco con el viejo operador de seguridad y su saña represiva los hacían eternos e inalcanzables.

Ayer recibieron de su propia medicina: Nadezhda salió de prisión demacrada, varias libras menos, con el rostro hundido y los ojos vacíos, obligada a fingir gratitud ante las cámaras mientras su cuerpo y su expresión gritaban incomodidad y humillación profunda. Sus familiares no la habían visto durante meses; fue una desaparición forzada más, como tantas que ella misma ayudó a orquestar.

Como experta en derecho, sabe perfectamente que estas “liberaciones” ni siquiera aparentan legalidad: no hay perdón presidencial ratificado por la Asamblea, ni proceso ante juez de ejecución penitenciaria. Simplemente son excarcelados a espalda de los mismos jueces que se enredan condenando presos políticos, sin explicación ni respeto al debido proceso.

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La lección es escalofriante: esta dictadura es una amenaza para todos. Ni los más fieles, ni los que delinquen con saña a su favor, ni los que se creen blindados por lazos familiares o lealtades eternas se salvan cuando caen en desgracia o cuando el régimen necesita ajustar cuentas internas o lavar su imagen ante el mundo.

Y cuando llegue el día —porque todo régimen represivo termina— en que la familia Ortega-Murillo negocie su salida, no se acordará de ninguno de los que sirvieron con devoción.

El caso de Nadezhda Obando Cerna y su familia es la prueba más cruda: hoy humillados, mañana olvidados.

El poder absoluto cuando devora a sus propios hijos revela su verdadera naturaleza. ¿Cuántos más de #PLOMO19 tendrán que aprenderlo de la peor manera?

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Máster en Administración de Justicia. Especialista en Psicología Forense y Derecho de Familia. Exfuncionario judicial en Nicaragua durante ocho años y exdocente universitario. Fue desnacionalizado por el régimen Ortega-Murillo y actualmente vive exiliado en Estados Unidos