Cuatro trabajadores de la finca La Esperanza planificaron el asesinato del productor ganadero Odón González Angulo para apoderarse de dinero, armas y documentos de la propiedad. El plan terminó con dos personas asesinadas —el productor y su hijo adolescente Odón Jofander González García, de 15 años— y con un niño de seis años como testigo clave en un juicio realizado en Matagalpa.
González Angulo era dueño de la finca ganadera La Esperanza, ubicada en la comunidad Kepi, municipio de Paiwas, en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur de Nicaragua. En la propiedad trabajaban las hermanas Marlín y María de Jesús Martínez Mejía, además de Darwin Ariel Laguna Martínez y John Bryan González Ríos, quienes conocían las tierras, la casa, la rutina diaria del productor y los bienes que tenía.
La noche del 15 de enero de 2025, González Angulo habló con el niño de seis años y le dijo: “acuéstese en la cama mía con Odón”, en referencia al adolescente. Luego, el productor se acostó en otra cama, dentro del mismo cuarto. Ese fue el momento que el niño recordó al declarar en el juicio realizado en Matagalpa.

Poco después —según el relato del niño— al cuarto entraron Darwin y Bryan. Darwin llevaba un mecate. Se acercó a González Angulo, lo sujetó del cuello y apretó hasta estrangularlo. Luego le amarró los pies y arrastró el cuerpo más de 60 metros, hasta una fosa que el grupo había cavado previamente, “junto a un chagüite”.
Bryan permaneció vigilando. Después golpeó al adolescente —“le dio con un garrote”, según declaró el niño—, le amarró las manos con un mecate y lo arrastró hasta la misma fosa donde Darwin había llevado al productor. Ahí terminó de estrangularlo.
El niño observaba detrás de una puerta. Ante el titular del Juzgado Segundo de Distrito Penal de Juicios en Matagalpa, Bernardo Morales, el niño declaró: “Ellos asfixiaron a mi papá… Darwin le puso el mecate…”, mientras que, al adolescente, “… lo llevaron vivo al hoyo y ahí lo ahorcaron”.
Los peritajes forenses indicaron que tanto González Angulo como el adolescente murieron estrangulados. Los exámenes médicos revelaron fractura de la tráquea en ambos casos.

Mientras los dos hombres enterraban los cuerpos, las hermanas Martínez Mejía vigilaban el área con armas del productor; María de Jesús con una escopeta calibre 12, y Marlín con un rifle calibre 22.
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Después del doble asesinato, las cuatro personas regresaron a la vivienda. Revisaron cuartos y bolsos. Se apoderaron de los teléfonos celulares del productor y del adolescente, un revólver guardado en la habitación, escrituras de la finca, cartas de venta de ganado, matrículas de fierro, planos y dinero en efectivo cuyo monto no quedó precisado en la acusación.
Al día siguiente, antes de abandonar la finca, dijeron al niño que el productor González Angulo “andaba en Puerto Cabezas comprando una finca”. En su declaración, el niño rechazó esa versión con una frase directa: “No le creí, ya había visto todo”.

El 16 y 17 de enero no hubo ordeño ni entrega de leche en La Esperanza. Familiares y vecinos comenzaron a preguntar por González Angulo y por el adolescente. Días después, personas de la zona notaron tierra removida cerca de la casa. Al excavar encontraron los cuerpos enterrados uno sobre otro.
Durante el juicio, un investigador policial declaró que a los acusados les ocuparon los teléfonos celulares de las víctimas y un revólver. En su testimonio afirmó que no encontraron los documentos ni el dinero sustraídos de la finca.
En sentencia dictada el 3 de diciembre de 2025, el juez Bernardo Morales condenó a Darwin Ariel Laguna Martínez y John Bryan González Ríos como autores directos de asesinato agravado a cadena perpetua revisable, y además les impuso siete años de prisión por robo agravado.
El juez también condenó a María de Jesús Martínez Mejía y a Marlín Martínez Mejía a 30 años de prisión por asesinato agravado y a cinco años y seis meses de prisión por robo agravado, tras dar por probado el rol de vigilancia armada durante la ejecución del crimen.

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