Durante la misa de la fiesta de la Sagrada Familia, celebrada este domingo 28 de diciembre en la iglesia Santa Agatha, en Miami, monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, utilizó el relato evangélico de la huida de Jesús, María y José a Egipto para referirse a la situación que viven miles de familias forzadas al exilio bajo regímenes autoritarios en América Latina, con especial énfasis en Nicaragua.
Al explicar el sentido del Evangelio del día, monseñor Báez afirmó que la experiencia de la Sagrada Familia sigue vigente en el presente.
“La Sagrada Familia de Jesús, María y José fue como muchas de nuestras familias, una familia que se vio obligada a abandonar su patria y desplazarse a tierra extranjera para salvar su vida”, expres.
Añadió que “la familia de Jesús fue una familia de refugiados y Jesús mismo fue un hijo de emigrantes”.
Desde esa lectura bíblica, el obispo abordó la figura de Herodes como símbolo del poder ejercido desde el miedo y la violencia.
Recordó que el gobernante “vivía obsesionado por el miedo de perder el poder” y que, ante esa amenaza, “eligió matar antes que perder su poder y sus privilegios”.
Monseñor Báez advirtió que esa lógica ha sido repetida en distintos momentos históricos y afirmó: “Como el antiguo Faraón de Egipto y como los tiranos de hoy, que se imponen reprimiendo y derramando sangre inocente, la historia siempre se repite”.
Al profundizar en el drama del desplazamiento forzado, el obispo destacó el sufrimiento que acompaña a quienes deben abandonar su tierra.
“Nunca es fácil dejar la propia tierra y comenzar de nuevo en una tierra extraña”, dijo, al referirse al miedo, la pobreza y la incertidumbre que experimentan los exiliados.
Monseñor Báez trasladó luego esa reflexión a la realidad latinoamericana actual y mencionó a tres países con regímenes dictatoriales.
“Pienso especialmente en Cuba, Venezuela y Nicaragua”, afirmó, antes de describir el impacto del exilio en miles de familias. “¡Cuántas familias se han visto forzadas al exilio a causa de la persecución y la represión de las fuerzas tenebrosas de dictaduras criminales para salvar sus vidas!”, expresó.
El obispo enfatizó en la situación de Nicaragua y sostuvo que allí el poder ha reproducido prácticas que evocan el relato de Herodes.
“Pienso en mi país, Nicaragua, en donde la dictadura ha afinado diabólicamente el antiguo método de Herodes”, dijo.
En ese contexto, detalló acciones concretas: “No se limitan a forzar al exilio a ciudadanos honestos e inocentes, sino que también les prohíben el ingreso a su propio país, les confiscan sus bienes y amenazan y hostigan a sus familiares”.
Monseñor Báez afirmó que la persecución no concluye con la salida del país y describió una continuidad del hostigamiento contra quienes viven fuera.
“No solo exilian, sino que continúan persiguiendo y reprimiendo a quienes ya están fuera del país”, expresó, antes de añadir: “Espían a los exiliados, les niegan los servicios consulares o dejan a miles de personas en la grave condición de apátridas de hecho al no renovarles el pasaporte”.
También se refirió a la privación de la nacionalidad como parte de ese proceso. “Incluso a muchos nos han privado intencional y arbitrariamente de nuestra nacionalidad, como parte de un plan sistemático de represión institucionalizada”, afirmó, destacando que el drama del desarraigo vivido por la Sagrada Familia tampoco terminó de forma inmediata con la huida a Egipto.
Más allá de la descripción de estas realidades, monseñor Báez ofreció una lectura pastoral del exilio como experiencia que puede abrir camino a la esperanza, al señalar que José, María y Jesús continuaron confiando en Dios aun en tierra extranjera y afirmó que “el exilio, aunque lo parezca, no es necesariamente el final”.
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En ese sentido, sostuvo que “el exilio puede convertirse en un tiempo de salvación, en una auténtica experiencia de Dios”.
El obispo explicó que Jesús quiso vivir esa condición para acompañar a quienes hoy la padecen, porque “Jesús quiso pertenecer a una familia que experimentó el exilio, para que ningún exiliado se sienta excluido de la cercanía y la protección amorosa de Dios”.
Monseñor Báez, exiliado desde 2019 por amenazas de muertes en su contra, llamó a no ceder ante la desesperanza y a sostener la dignidad en medio del desarraigo.
“No nos hundamos en la incertidumbre, ni nos dejemos vencer por las dificultades”, exhortó, antes de afirmar: “Confiemos siempre en el Dios del exilio, protector de los débiles y vulnerables, que nunca nos abandonará”.

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