El mensaje de monseñor Silvio José Báez este 30 de noviembre, en la iglesia Santa Ágatha de Miami, presentó el inicio del Adviento como un tiempo para recuperar fuerzas, sanar heridas y abrir los ojos ante el sufrimiento que atraviesa a Nicaragua y a su diáspora.
El obispo auxiliar de Managua recordó que “el Señor está cerca”, una cercanía que acompaña a quienes cargan cansancio, miedo, pérdidas familiares y esa sensación de vivir con el corazón golpeado por la incertidumbre.
Monseñor Báez describió el Adviento como un camino para dejar que Dios sostenga los “sueños rotos” y la angustia acumulada en la vida diaria. Además, invitó a la comunidad a revisar si mantiene el corazón atento al dolor ajeno o si la rutina, la carga económica o el propio exilio la han encerrado en un mundo pequeño y desconectado.
Asimismo, retomó la imagen bíblica de los días de Noé, cuando la vida cotidiana se convertía en un refugio para no mirar más allá. En esa línea preguntó si la comunidad escucha “el gemido de quienes sufren” o si la distracción social se ha vuelto un modo de supervivencia que paraliza la empatía.
Un Adviento que exige lucidez social
El obispo profundizó en la dimensión social de la vigilancia espiritual. “Velar a la espera del Señor significa no quebrarnos ante los fracasos ni ante los esfuerzos aparentemente estériles; significa no ceder ante el miedo y la represión, no callar ni ser indiferentes”, expresó.
Para él, la vigilancia no se limita a un ejercicio interior, sino que se traduce en responsabilidad comunitaria: “Estar despiertos es ver con lucidez el presente y vislumbrar un futuro distinto”.
Monseñor Báez pidió dedicar tiempo a informarse con seriedad, reflexionar en comunidad y compartir ideas con humildad, especialmente para quienes acompañan a otros o ejercen liderazgo social.
Un día después de que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo excarceló a dos mujeres católicas de Matagalpa —Lesbia del Socorro Gutiérrez Poveda y Carmen María Sáenz Martínez— junto a otros presos políticos, en un gesto presentado como señal de flexibilidad, monseñor Báez pidió leer con claridad ese tipo de decisiones.
“Velar a nivel social es no dejarnos engañar por los sistemas dictatoriales que, por miedo y para lavarse la cara a nivel internacional, de vez en cuando quieren dar la impresión de ser flexibles y bondadosos. ¡Despertemos!”, exhortó.
El obispo recordó que la libertad de unos pocos no cambia la naturaleza del poder mientras persistan las restricciones a las libertades públicas.
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“Mientras no devuelvan al pueblo todas las libertades y permitan abrir el camino hacia una democracia basada en la justicia y el derecho, siguen siendo poderes ilegítimos”, señaló.
Esperanza que resiste la oscuridad
Monseñor Báez animó a la comunidad a no rendirse frente al miedo ni a la resignación que imponen la represión y el exilio.
Recordó que la fe alimenta la resistencia espiritual de los pueblos, indicando que “la resurrección de Jesús nos asegura el triunfo de la justicia, de la verdad y de la vida, aun en las situaciones más oscuras y las opresiones más dolorosas”.
Invitó a vivir el Adviento con un corazón vigilante, atento al dolor del pueblo y abierto a la esperanza que brota en la solidaridad diaria, en la sonrisa de un ser querido o en pequeños gestos que sostienen la vida en medio de la adversidad: señales concretas del “Dios-con-nosotros” que acompaña a su pueblo en tiempos difíciles.

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