Los hogares nicaragüenses comienzan a levantar altares y reunirse para los rezos del novenario a la Inmaculada Concepción de María que desembocan en la tradicional Gritería del 7 de diciembre, una de las celebraciones marianas más profundas del país.
Aunque algunas familias ya iniciaron los rezos, la mayoría conserva la costumbre de comenzar el 28 de noviembre, en un ambiente que mezcla religiosidad popular, memoria familiar y sentido comunitario.
Esa preparación coincide con la instalación de altares de la Inmaculada Concepción en diversas instituciones estatales y alcaldías bajo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. En municipios como El Tuma-La Dalia, en el departamento de Matagalpa, la alcaldía ya exhibe su propio altar, aun en un contexto en el que sacerdotes enfrentan vigilancia, restricciones a actividades pastorales, entre otras acciones represivas.
Desde Waterloo, Iowa, en Estados Unidos, el sacerdote nicaragüense Nils de Jesús Hernández compartió sus reflexiones sobre la tradición, el país que dejó atrás y la esperanza que observa en su comunidad.
“María ha acompañado al pueblo en las buenas y en las malas”
El párroco de la Parroquia Reina de la Paz en Waterloo, recuerda que la devoción a la Inmaculada Concepción forma parte de la identidad espiritual del país desde hace generaciones.
“Yo diría que el llamado para el pueblo nicaragüense en Nicaragua es de que tengamos en cuenta siempre de que la religiosidad del pueblo nicaragüense es muy importante, porque a través de esta devoción a María —las Purísimas— hemos sentido siempre cómo María ha estado acompañando al pueblo durante y después de la primera persecución que sufrimos en Nicaragua en los años 80”, afirmó, recordando las apariciones de Cuapa como parte de la memoria religiosa del país.
“Miramos cómo María también estuvo presente con las apariciones de Cuapa. Y entonces yo creo que recordemos de que María es una ‘Madre vandálica’, es una madre que no va a dejar a su pueblo. Ella nos acompaña en las buenas y en las malas”.
El exilio, la fe y la promesa del regreso
El sacerdote vive en Estados Unidos desde hace años y mantiene contacto constante con nicaragüenses desplazados por razones políticas y económicas.
“Mi mensaje para el pueblo nicaragüense es de que tengamos fe, permanezcamos unidos a Jesucristo a través de su Madre, a través de María; para que en estas fiestas que ya nos estamos acercando y que ya en algunos lugares ya se está celebrando el novenario, de que María una vez más sea una Madre que está siempre con el pueblo nicaragüense y que Ella no nos va a abandonar”, dijo.
La distancia también pesa para él
“Cuando digo no nos va a abandonar es porque también los que estamos aquí en el exilio también estamos sufriendo de que estamos fuera de Nicaragua”, dice el padre Nils.
Durante un encuentro con compatriotas en Indianápolis, alguien le preguntó si regresaría cuando terminara la actual dictadura. El padre Nils lo respondió sin dudar:
“Lo primero que voy a hacer es ir a celebrar un Rosario en acción de gracias, dándole gracias a Dios de que derrocamos a la dictadura, pero también dándole gracias a la Santísima Virgen, la Inmaculada Concepción, la ‘vandálica’, de que Ella ha estado muy presente con el pueblo nicaragüense desde antes y con el conflicto del 2018 María ha estado muy presente y sigue siendo presente con el pueblo nicaragüense. Así es que ánimo y hay que seguir adelante”.
Advertencia ante las manipulaciones de la fe
El padre Nils también retomó un mensaje reciente del obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez.
“No nos dejemos engañar, como dijo Monseñor Silvio Báez este fin de semana pasado en su homilía; no nos dejemos engañar por las falsedades que nos prometen esos criminales de lesa humanidad, porque ellos quieren confundir la fe, quieren confundir al pueblo y ellos no tienen nada que ofrecer más que crímenes y encarcelamientos”, dijo el padre Nils.
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Al referirse a los altares estatales, el sacerdote expresó una crítica directa: “Yo creo que eso de poner altares en las alcaldías de todo Nicaragua por cualquier lugar que ellos tengan, ellos lo que están haciendo más que todo es tratar de presentar una realidad que no existe en Nicaragua (…) Nicaragua vive una persecución y ellos quieren disfrazarla presentando los altares, de que ellos son socialistas, religiosos, pero de eso de religiosos no tienen nada”.
El sacerdote se refirió también al régimen Ortega Murillo con un lenguaje duro: “La ‘chamuca’ (apodo de Murillo) lo que anda haciendo es acercársele más al diablo y quiere confundir al pueblo y manipular al pueblo con esas falsedades, porque todo eso es una falsedad. Yo no les creo ni el bendito, porque eso de que pongan altares no significa que ellos son religiosos, simplemente que quieren jugar con la religiosidad del pueblo nicaragüense. Yo creo que ese es un gran pecado muy grande en que ellos tendrán que pagar”.
Una tradición que se resiste a perder su esencia
En Nicaragua y en el exilio, las Purísimas vuelven a unir rezos, promesas y recuerdos familiares. Las calles, las casas y los templos se preparan para una celebración que ha resistido guerras, desplazamientos y controles estatales.
En medio de ese panorama, el padre Nils insiste en el mismo mensaje que repite cada año a su comunidad migrante: la fe sigue siendo un punto de encuentro para un pueblo herido que busca esperanza y protección bajo el manto de la Virgen.

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