Desde el púlpito de la Parroquia Santa Agatha, en Miami, Florida, Estados Unidos, monseñor Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua, dedicó parte de su homilía de la solemnidad de los Fieles Difuntos, este domingo 2 de noviembre, a recordar a las víctimas de la represión y a exigir justicia por sus muertes.
El jerarca católico, exiliado desde 2019 por amenazas de muerte en su contra, denunció los crímenes cometidos por regímenes autoritarios en América Latina y recordó especialmente a los jóvenes asesinados en nombre de la libertad.
“Recordemos hoy a quienes han sido asesinados por la represión criminal de las dictaduras de nuestros países —dijo—, la mayor parte de ellos jóvenes estudiantes, simplemente porque lucharon por sus ideales de libertad, protestaron contra la injusticia y soñaron con una sociedad más humana, justa y democrática”.
Distintas organizaciones defensoras de derechos humanos, entre ellas la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), documentaron más de 355 asesinatos atribuidos a la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo desde abril de 2018.
La CIDH, junto con el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI-Nicaragua) y Amnistía Internacional, ha señalado que las víctimas eran en su mayoría jóvenes que participaban en protestas cívicas y que las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua siguen impunes.
Monseñor Báez advirtió que la fe cristiana no puede permanecer indiferente ante la violencia ni ante el sufrimiento de los pueblos. “Recordamos con dolor a quienes han sido víctimas de la injusticia: hombres, mujeres y niños cuyas vidas fueron arrebatadas por la violencia, las desapariciones, la migración forzada, el hambre, las guerras y la represión de sistemas totalitarios”, expresó.
El obispo auxiliar de Managua afirmó que la memoria de las víctimas no puede quedar en silencio ni ser reducida al dolor.
“Su memoria clama por verdad, reparación y justicia. Al recordar a las víctimas de la represión, los recordamos con cariño y gratitud y oramos por ellos, pero también debemos sentir la necesidad de reclamar la verdad de sus muertes, exigir que se establezca la responsabilidad de los culpables ante la justicia internacional y se trabaje eficazmente en la reparación de las víctimas”, afirmó.
Monseñor Báez agregó que “la impunidad hiere la esperanza e impide la paz. La fe no permite que la memoria de las víctimas se convierta en mero lamento; más bien la convierte en impulso para exigir justicia y trabajar por la conversión social y el compromiso en favor de la vida”.
Además de su denuncia profética, monseñor Báez exhortó a los creyentes a mantener viva la memoria y a traducir la fe en acción transformadora. “Solo en Cristo encontramos luz y fuerza para luchar por la vida y enfrentarnos a la muerte”, dijo.
En su amplia homilía, monseñor Báez también recordó que “vivimos en una cultura que trata de ocultar la muerte, que la ve como un elemento perturbador que nos intranquiliza”. Pero, explicó que “los cristianos, en lugar de ignorarla o sentir miedo, la miramos y la esperamos con la fe puesta en Cristo, Señor de la vida y de la muerte”.
También señaló que la muerte no debe ser considerada un fracaso, sino un paso hacia la plenitud de Dios. “Los cristianos no vemos la muerte como un final absoluto —dijo—, sino como un paso que da sentido a nuestra vida y nos introduce en la vida eterna”.
En esa misma línea recordó que “Jesús es el gran abrazo de Dios al mundo”, enviado por el Padre “para acogernos amorosamente, ya desde ahora, y más allá de la muerte, llamándonos por nuestro nombre y dándonos una vida plena y eterna”.
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Monseñor Báez explicó que, en cada Eucaristía, la comunidad creyente renueva su comunión con los difuntos. “Al partir el Pan —afirmó—, la comunidad se encuentra con Cristo y, en Él, con todos los que nos han precedido. Así la comunión entre los vivos y los que duermen en Cristo se actualiza y se renueva”.
El obispo también pidió consuelo para quienes lloran y fortaleza para quienes siguen luchando por la justicia.
“Pidámosle al Señor consuelo para los que lloran la muerte de sus seres queridos, luz para quienes buscan sentido en la vida, fe fuerte para quienes sienten temor a la muerte y coraje para quienes trabajan por la justicia en favor de las víctimas”, exhortó.
Monseñor Báez concluyó su mensaje con una invocación esperanzadora: “Que la seguridad de la vida eterna nos sostenga en el duelo y nos convierta en artesanos de reconciliación (…) Que la Virgen María y todos los santos intercedan por nosotros hasta el último día, cuando todos seremos resucitados por Jesús”.

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