El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, advirtió que los sistemas autoritarios y los poderosos de hoy crean “leprosos sociales” al excluir y someter a los más débiles, e instó a mantener la rebeldía espiritual, moral e intelectual como respuesta frente a la injusticia.
El mensaje fue parte de la homilía que monseñor Báez pronunció este domingo 12 de octubre en la Parroquia Santa Ágatha de Miami, Florida, Estados Unidos, donde reflexionó sobre el pasaje evangélico de los diez leprosos relatado por San Lucas.
Monseñor Báez recordó que, en tiempos antiguos, “los leprosos eran personas a quienes la Ley de Moisés les prohibía entrar en contacto con los demás. Vivían excluidos de la vida social y del culto. Debían habitar en las afueras de la ciudad, en soledad y sin esperanza. Eran como muertos vivientes”.
Explicó que, aunque la enfermedad física de la lepra casi ha desaparecido, persisten otras formas de exclusión impuestas por quienes ostentan el poder.
“Hoy se ha eliminado casi totalmente la enfermedad física de la lepra, pero lamentablemente en el mundo vivimos otras formas de lepra. Los sistemas autoritarios y los poderosos de hoy crean leprosos. Las lepras sociales de hoy dividen a la humanidad excluyendo o sometiendo a los más débiles, explotando a los pobres, maltratando y expulsando a los migrantes, u obligando a callar a quienes piensan diferente o dicen verdades que resultan incómodas al sistema”, expresó.
El obispo comentó en su homilía que los diez leprosos del Evangelio, a pesar de su sufrimiento, se rebelaron contra la exclusión al buscar en Jesús una esperanza.
“No se resignan a vivir rechazados, rumiando su propio dolor y viendo que su vida se apaga en el sufrimiento y la soledad. Hoy es necesaria la rebeldía”, afirmó.
A partir de ese ejemplo, monseñor Báez alentó a los creyentes a resistir con fe y dignidad, indicando que “frente a sistemas opresores y regímenes criminales que someten a los pueblos, hay que cultivar la rebeldía espiritual para liberarnos del pesimismo, la rebeldía intelectual para no dejar de pensar con libertad, la rebeldía moral para no dejar de denunciar la injusticia, la rebeldía creyente para seguir confiando en el Dios de la vida y de la liberación”.
El obispo auxiliar de Managua señaló que los pueblos atraviesan momentos de cansancio e incertidumbre, pero insistió en que esos procesos no deben ser asumidos como fracasos. “Estos no son fracasos. Son los dolores de parto de una nueva sociedad”, afirmó.
En esos momentos, dijo, es necesario conservar la rebeldía para no acostumbrarse “a la normalidad forzada que quiere imponer el opresor” y no perder la capacidad de soñar con una sociedad justa y libre.
Monseñor Báez recordó que los leprosos del Evangelio fueron curados mientras caminaban, confiando en la palabra de Jesús.
“Los leprosos no se curaron cuando estaban delante de Jesús, sino después, cuando confiados en su palabra se pusieron en camino. En realidad ya estaban curados al encontrar a Jesús, aunque todavía no lo veían ni lo sabían”, explicó.
“La vida de cada uno es un camino, a veces escabroso, lleno de obstáculos, cansado, en subida. Sin embargo, Jesús nos invita a caminar siempre. Él nos asegura que Dios actúa en nuestra vida cuando aceptamos el riesgo de avanzar, de soñar, de arriesgar y de construir”, añadió.
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El obispo advirtió que la sociedad también necesita avanzar unida para superar las heridas que provocan el poder y la indiferencia. “La ambición de poder, la idolatría del dinero, el autoritarismo, la opresión de los pobres y la indiferencia egoísta de quien prefiere callar, son algunos de los grandes baches en el camino hacia una sociedad libre, justa e igualitaria”, señaló.
En la parte final de su homilía, monseñor Báez relató que uno de los diez leprosos regresó para agradecer a Jesús, comprendiendo que la salvación nace de una relación viva con Dios.
“Cuando agradecemos a Dios, reconocemos la fuente de la vida y nos sumergimos en ella como en un río de aguas vivas. Cuando celebramos con alegría nuestra fe en Jesús y somos capaces de alabar y dar gracias a Dios, la vida se ilumina y florece, los cielos se acercan y el mundo nuevo empieza a surgir”, dijo.
Monseñor Báez vive exiliado en Estados Unidos desde 2019, tras recibir amenazas de muerte en Nicaragua, y continúa acompañando pastoralmente a la comunidad nicaragüense en Miami.

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