El sacerdote Rafael Ríos Gadea reafirmó su negación de la persecución religiosa en Nicaragua y al mismo tiempo recurrió a una interpretación poco ortodoxa de la fe durante una sesión de la Asamblea Nacional realizada el 4 de octubre recién pasado en el municipio de La Concordia, departamento de Jinotega, celebrada en conmemoración de los aniversarios del nacimiento y la muerte del héroe nacional Benjamín Zeledón Rodríguez (4 de octubre de 1879 – 4 de octubre de 1912).
Párroco de la Parroquia San Maximiliano María Kolbe en el barrio Linda Vista de la ciudad de Jinotega, Ríos llegó a La Concordia y repitió las palabras que hace un año generaron rechazo dentro y fuera de la Iglesia, cuando negó la persecución religiosa en Nicaragua, lo que provocó críticas de figuras religiosas, especialistas y de su propio hermano.
“Hace un año dije algo que a muchos les dolió y les molestó. Hoy repito que Nicaragua no existe (persecución religiosa). Y hay un libro por ahí que cuando yo era chavalo me gustaban las novelas de Marcial Lafuente Estefanía, de Julio Verne, y que esos libros hoy escritos desde afuera son ciencia ficción, mentiras y engaños. Y eso no debe ni ocasionar eco ni darnos ningún sentimiento porque la verdad nos hace libres”, dijo Ríos en la “invocación al Altísimo”, al iniciar la sesión de los diputados.
El sacerdote también afirmó que “cuando los perros ladran es señal de que vamos por buen camino, querido Sancho amigo”.
Las declaraciones de Ríos contrastan con informes verificados de organismos internacionales que documentan la represión contra la Iglesia católica en Nicaragua desde 2018.
El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN), creado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y distintas organizaciones defensoras de derechos humanos, han coincidido al documentar que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha cometido crímenes de lesa humanidad y mantiene una política sostenida de represión contra líderes religiosos, sacerdotes y laicos.
El informe más reciente del GHREN, publicado en abril de 2025, identificó a 54 funcionarios responsables de esas violaciones, incluyendo al alcalde de Jinotega, Leónidas Centeno, de quien Ríos es allegado.
Mientras el informe Nicaragua, una Iglesia perseguida, de la abogada Martha Patricia Molina, documenta por lo menos 1,010 agresiones contra la Iglesia católica a partir de 2018.
En Jinotega, donde el sacerdote Ríos Gadea ejerce su ministerio, la represión religiosa ha sido particularmente visible. El régimen mantiene presencia policial en los alrededores de las parroquias y prohíbe las procesiones religiosas. El propio obispo de la Diócesis y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, monseñor Carlos Enrique Herrera, fue desterrado y enviado a Guatemala en noviembre de 2024.
En su intervención, el sacerdote Ríos Gadea además proclamó otra vez la “resurrección” de Zeledón, justificando su afirmación con la frase: “Celebramos la vida, no la muerte. Cabal un cuatro nace y resucita y deja un legado histórico que debe calar profundamente en el corazón de cada uno de nosotros”.
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Sin embargo, la resurrección, en la enseñanza de la Iglesia católica, se entiende como el hecho único y central de la fe cristiana: Jesucristo venció la muerte y volvió a la vida para no morir jamás. Ninguna otra persona ha resucitado de esa manera, y por eso la Iglesia reserva ese término exclusivamente para Cristo.
En ese sentido, la afirmación del sacerdote sobre la “resurrección” de Zeledón no corresponde al significado que el cristianismo da a ese misterio.
Asimismo, congraciándose con los diputados, Ríos pidió “elevar plegarias por la Asamblea Nacional y por todos los que hacen que las leyes y la justicia prevalezcan”, agradeciendo a Dios porque “estos hermanos se han dejado conducir por el bien de la nación”.

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