El eco del sufrimiento humano resonó este domingo en la voz de monseñor Silvio José Báez, quien recordó que la fe auténtica nace cuando el dolor y la injusticia parecen no tener fin. Inspirado en el profeta Habacuc, el obispo auxiliar de Managua reflexionó sobre el valor de alzar la voz ante Dios en medio de los abusos del poder y la represión que aplasta a los pueblos.
En la homilía de la misa que presidió en la Parroquia Santa Agatha en Miami, monseñor Báez explicó que Habacuc vivió en un tiempo de dominación extranjera y corrupción interna.
El poder del imperio babilónico crecía con su ejército, mientras los reyes y magistrados del reino de Judá oprimían al pueblo, lo despojaban de su libertad y lo empobrecían. En ese contexto, explicó monseñor Báez, el profeta “alza su voz, pero no para denunciar ante los hombres, sino para reclamar ante Dios”.
“Le reclama que no hace justicia, que no defiende a las víctimas y que no interviene en la historia para restablecer el derecho pisoteado”, citó el obispo, al describir la súplica de Habacuc como un grito nacido de la fe y del amor por la verdad.
“Este profeta nos enseña que no podemos ser indiferentes ante los tiranos que imponen su voluntad de poder con la fuerza de la represión y la violencia”, expresó el obispo, añadiendo que “nos enseña también que no debemos resignarnos a que los malvados nos amedrenten con sus discursos cínicos. En medio de la injusticia debemos volver el corazón a Dios para orar”.
El obispo explicó que la oración no se reduce a pedir ayuda, sino que se convierte en una forma de lucha espiritual. “Orar no es cruzarse de brazos y esperarlo todo de Dios. Orar es luchar con Dios en la noche de su aparente ausencia y gritar ante Él, protestando y rompiendo su silencio”, expresó.
Continuó: “Esa oración lleva en el corazón la opresión del pueblo, el sufrimiento de las víctimas y la angustia de sentir que en la historia siguen triunfando los malvados”.
Monseñor Báez recordó que Dios respondió al profeta con una promesa: “El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivirá por su fe”.
En sus palabras, esa respuesta no ofrece soluciones rápidas, pero sí asegura que el mal no prevalece. “Dios promete intervenir y hacer justicia, asegurando que el opresor y el tirano desaparecerán por completo, sin dejar huella en la historia”, dijo.
El prelado, que vive exiliado desde 2019 tras recibir amenazas de muerte, pronunció su homilía en un momento en que Nicaragua continúa bajo un clima de represión política y persecución religiosa. Su mensaje no mencionó directamente al país, pero reflejó el dolor de quienes sufren injusticia y al mismo tiempo mantienen viva la esperanza.
“Esperar no es dejar que las cosas ocurran, sino confiar en la promesa del Señor y colaborar con Él para que ocurran los cambios históricos”, explicó Báez. “Lo que se le pide a Habacuc es que tenga fe en la promesa de Dios”.
Al relacionar la lectura con el Evangelio de San Lucas, monseñor Báez recordó las palabras de Jesús: “Si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a ese árbol: ‘Desarráigate y plántate en el mar’, y los obedecería”.
“Una fe pequeña y sincera puede cambiar la vida, dar una nueva mentalidad y fortalecer el compromiso por la justicia”, añadió.
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Monseñor Báez definió la fe como una fuerza interior que impulsa al servicio y al amor gratuito. “El creyente que sirve no busca ventaja ni aplausos, solo el bien de los demás. Esa es la fuerza de la fe que el Señor pidió al profeta Habacuc, a sus discípulos y a nosotros hoy”, afirmó.
Además, alentó a los fieles a mantenerse firmes frente a la injusticia, señalando que “la fe no nos conduce a desentendernos ni a dejar todo en manos de Dios, sino que nos da la valentía para denunciar el mal y no resignarnos jamás a la injusticia”.
“Dios nos asegura el triunfo del bien y de la justicia. Bastan un puñado de corazones humildes y solidarios, un granito de fe y ojos nuevos de esperanza”, finalizó.

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