El obispo de Matagalpa y administrador apostólico de Estelí, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, presidió este domingo 7 de septiembre en Palma del Río, Córdoba, la Función de las Primeras Vísperas Solemnes en honor a la Virgen de Belén Coronada, patrona y alcaldesa perpetua de esa ciudad en España.
La parroquia de Nuestra Señora de la Asunción acogió la celebración, concelebrada por el cardenal Carlos Osoro Sierra, arzobispo emérito de Madrid, y por el sacerdote Erick Mauricio Díaz, párroco de la Parroquia San José Obrero en El Tuma-La Dalia, Matagalpa, quien actualmente ejerce su ministerio en España.
Antes de comenzar su homilía, monseñor Álvarez saludó al padre Erick y lo reconoció como parte de su diócesis: “Saludar al muy querido padre Eric de la diócesis de Matagalpa, de mi diócesis en Nicaragua, y que hace su trabajo pastoral en la diáspora sirviendo en la diócesis de Sevilla en la parroquia de Nuestra Señora del Mayor Dolor”.

Con esas palabras, monseñor Álvarez aludió a su vínculo con la diócesis de Matagalpa, recientemente confirmado por el papa León XIV, quien lo ratificó como obispo de Matagalpa y administrador apostólico de Estelí.
La cruz en la vida cristiana
En su homilía, monseñor Álvarez meditó sobre el evangelio dominical: “Nadie puede ser mi discípulo si no toma su cruz y me sigue”. Señaló que la cruz simboliza todo sufrimiento y dificultad de la vida y que cada persona debe cargar con la suya, sin poder intercambiarla.
El obispo compartió la anécdota de un hombre que intentó cambiar su cruz en un “supermercado de cruces”. Tras probar varias, descubrió que la única que le correspondía era la misma que había dejado a la entrada. “No podemos cambiar la cruz; hemos de llevarla siempre”, expresó.
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Monseñor Álvarez explicó que, desde la muerte de Cristo, la cruz dejó de ser signo de condena para convertirse en signo de redención. Vinculó ese misterio con el nacimiento de Jesús en Belén y con el “sí” de la Virgen María:
“No hay cruz sin Belén y no hay Belén sin cruz… El sí de Belén alcanzó su mayor plenitud en la cruz”.

El obispo presentó a la Virgen como la “Virgen de la Cruz, la Virgen del sufrimiento”, cuya fe alcanzó su culmen al pie del Calvario.
Una comunidad que acoge
Al final de la misa, el párroco de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, Francisco Gómez, agradeció la presencia de los obispos Osoro y Álvarez, del coro y de los fieles. En sus palabras destacó a la comunidad nicaragüense residente en Palma del Río:
“A todos los que están de Nicaragua, en la ciudad de Palma del Río, donde ellos se tienen que sentir pues como en su casa… La inmigración debe de ser acogida y respetada, y es nuestra función como comunidad y como cristianos ante todo que se sientan en su casa”.
También pidió a los presentes “rezar mucho por monseñor Rolando y por Nicaragua”.
Monseñor Álvarez, en tanto, agradeció al obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, por permitirle celebrar en su jurisdicción y agradeció a los nicaragüenses de Matagalpa y Estelí que lo recibieron con afecto, varios de los cuales viajaron desde Sevilla para acompañarlo y que lo saludaron en el atrio del templo.
Continuidad episcopal
El papa León XIV confirmó recientemente a monseñor Álvarez como obispo de Matagalpa y administrador apostólico de Estelí. El 23 de agosto, el Pontífice también ratificó en sus cargos a los otros tres obispos nicaragüenses expulsados por el régimen Ortega-Murillo: Silvio José Báez, Isidoro Mora Ortega y Carlos Enrique Herrera.

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