William Walker: el filibustero que se proclamó presidente de Nicaragua

Médico, abogado y periodista estadounidense, convirtió la guerra civil nicaragüense en trampolín para imponer un gobierno esclavista, hasta terminar fusilado en Honduras

Mosaico CSI
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El 12 de septiembre de 1860, William Walker enfrentó en Trujillo, Honduras, su último amanecer. A las ocho de la mañana marchó desde su celda hacia el paredón de fusilamiento con paso firme y rostro inmutable. Según un despacho publicado en The New York Times el 5 de octubre de ese año —transcrito por el historiador John E. Norvell—, Walker “marchó desde su celda hasta el lugar de ejecución con paso firme y semblante inquebrantable… así termina la vida del ‘Gray-eyed man of Destiny’”.

Walker había nacido en Nashville, Tennessee, el 8 de mayo de 1824, en el seno de una familia acomodada.

Su padre, James Walker, fue un empresario escocés destacado en la comunidad local, y su madre, Mary Norvell, provenía de una familia culta, aunque su vida estuvo marcada por la enfermedad.

De niño, fue sensible, estudioso y frágil. Según la biografía William Walker, el predestinado de los ojos grises, escrita por Alejandro Bolaños Geyer y disponible en la Biblioteca Virtual Enrique Bolaños, era “delgadito y bajo, rubio y pecoso, quieto, cariñoso y afeminado; parecía una niña, igualito a su mamá”.

Dotado de una inteligencia precoz, ingresó a la universidad con apenas 13 años y a los 19 ya se había graduado como médico en Filadelfia. Aprendió francés, alemán e italiano. Sin embargo, la vida personal lo golpeó temprano.

En 1849 murió Ellen Galt Martin, su prometida, víctima del cólera. La obra de Bolaños Geyer explica que esa pérdida lo transformó en un periodista más agresivo, volcado a defender el “Destino Manifiesto” y el sistema esclavista que dividía a su país.

De Sonora a Centroamérica

Walker pronto cambió las aulas y las redacciones por la aventura armada. En 1853 intentó fundar la “República de Sonora” en México. Con un pequeño grupo de hombres tomó La Paz y Ensenada y se autoproclamó presidente. Pero la falta de suministros y la resistencia mexicana lo obligaron a retirarse. Fue juzgado en California por violar las leyes de neutralidad, aunque resultó absuelto.

Cartel sobre hazañas de William Walker
Cartel de una presentación teatral en Nueva York sobre las hazañas de Walker. (Biblioteca y Archivos del Estado de Tennessee)

Un par de años después, una nueva oportunidad le surgió en Nicaragua, sumida en una guerra civil entre liberales y conservadores. Francisco Castellón, líder liberal, buscó apoyo extranjero y Walker llegó con 57 filibusteros al puerto de El Realejo. Según un reportaje de BBC News Brasil, esa expedición cambiaría el rumbo de la historia centroamericana.

El dictador de Nicaragua

La combinación de audacia militar y cálculo político permitió a Walker imponerse rápidamente.

En octubre de 1855 tomó Granada, bastión conservador, y poco después ordenó el fusilamiento del general Ponciano Corral, que había buscado alianzas secretas contra él.

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“Con este acto Walker introducía el terror como medida para someter al que arriesgue oponérsele”, señala la biografía de Bolaños Geyer.

El 12 de julio de 1856, juró como presidente de Nicaragua en la Plaza Mayor de Granada. Su gobierno impuso medidas alineadas con el sur esclavista de Estados Unidos: restableció la esclavitud, decretó el inglés como idioma oficial, confiscó bienes de opositores para repartirlos entre sus seguidores y hasta modificó la bandera nacional.

Walker en casa presidencial
El filibustero estadounidense William Walker (1824-1860) en la Mansión Presidencial, Granada, Nicaragua. Getty Images | Tomada de BBC

“En su acción más controvertida instauró la esclavitud en Nicaragua, lo que probablemente era un intento de atraer a los sureños estadounidenses a su causa”, explicó Marshall C. Eakin, profesor de historia en la Universidad Vanderbilt, citado por la BBC.

Washington reconoció oficialmente su régimen, interesado en la estratégica ruta interoceánica que cruzaba Nicaragua y conectaba Nueva York con San Francisco antes de la construcción del canal de Panamá.

La Guerra Nacional

La reacción no tardó. En marzo de 1856, Costa Rica declaró la guerra a Nicaragua. En la batalla de Santa Rosa, las tropas de Walker fueron derrotadas, y en abril, durante la segunda batalla de Rivas, no lograron desalojar a los costarricenses. Antes de retirarse, Walker ordenó arrojar cadáveres a los pozos de agua, desatando una epidemia de cólera.

Walker entrando a Granada
Nicaragua. Entrada del general Walker en Granada – Combate frente al convento de San Francisco. “Ilustración publicada en el semanario neoyorquino Frank Leslie’s Illustrated Newspaper, el 3 de mayo de 1856.”

El 14 de septiembre de ese mismo año, en la célebre batalla de San Jacinto, un grupo de patriotas nicaragüenses repelió a sus fuerzas. Desde entonces, la alianza entre ejércitos centroamericanos y bandos nicaragüenses debilitó cada vez más su poder. En noviembre, al abandonar Granada, Walker mandó incendiar la ciudad y dejó una inscripción que rezaba: “Aquí fue Granada”.

Aislado y sin suministros, terminó rindiéndose en Rivas el 1 de mayo de 1857 ante el capitán estadounidense Charles Davis, quien lo trasladó a su país.

El final del filibustero

Ni la derrota ni el destierro apagaron su ambición. En Estados Unidos escribió La guerra de Nicaragua y buscó nuevos aliados. En 1860 desembarcó en Honduras, pero fue capturado por tropas británicas y entregado a las autoridades locales. El 12 de septiembre fue fusilado en Trujillo.

Walker y sacerdote
La ilustración muestra a un sacerdote bendiciendo a Walker antes de su ejecución en 1860 en Honduras. Getty Images | Tomado de BBC

Según declaró a BBC News Brasil la investigadora Elaine Santos, del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de São Paulo, las invasiones de Walker terminaron generando un efecto contrario: “reforzaron un sentimiento nacionalista, relacionado con la soberanía y la independencia en la región”.

William Walker pasó a la historia como el arquetipo del filibustero estadounidense: un aventurero que convirtió sus ambiciones personales en guerras que devastaron países enteros. Pero también dejó una lección. Sus incursiones, aunque sangrientas, provocaron la unión de Centroamérica frente a la amenaza extranjera.

En palabras de Bolaños Geyer, aquel “predestinado de los ojos grises” encarnó los peligros del intervencionismo en el siglo XIX.

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