En Jinotega, al norte de Nicaragua, las montañas guardan secretos que todavía ponen la piel de gallina. Uno de ellos nace en el imponente cerro El Gobiado, donde los lugareños aseguran que, al caer la tarde o en madrugadas de Semana Santa, se aparece un jinete que no pertenece a este mundo.
Le llaman de dos formas: El Fantasma del Gobiado o el Príncipe del Gobiado. Los nombres cambian, pero la historia es la misma: la figura de un hombre elegante, de facciones españolas, que cabalga un corcel adornado con espuelas de oro y piedras preciosas. Lo más espeluznante es que su caballo no galopa como los demás, sino que atraviesa árboles, paredes y hasta puentes como si fueran aire, según cuentan los pobladores.
El Fantasma del Gobiado
La versión más temida circula en Pueblo Nuevo, Jinotega. Ahí se dice que el Príncipe del Gobiado hizo un pacto con el diablo y que, por esa razón, cada año debe llevarse a niños recién nacidos, sobre todo si aún “no han sido bautizados”.
Los pobladores describen que, en ciertas noches, se escucha un galope veloz bajando del cerro. El jinete, cubierto con una capa negra, provoca que los animales se alboroten y que las familias, presas del miedo, apaguen las luces y se encierren en sus casas.
De acuerdo con esta leyenda, “cada año el jinete llega a una finca solitaria, entra y se reúne con un demonio que aparece como serpiente. Tras un extraño ritual, la serpiente se transforma en una enorme cerda que abre un hoyo en la tierra. Allí, el Gobiado deja a los niños robados y luego desaparece dentro de la montaña”.
El relato del Príncipe del Gobiado
Hay quienes aseguran que toparse con él es algo que nunca se olvida. En 1976, un viajero contó que, mientras subía al cerro en busca de la Flor de Santa Marta, se encontró con un jinete elegante, de botas brillantes y caballo lujoso, que le ofreció oro y hasta su montura. El miedo lo dominó y salió corriendo cuesta abajo.
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Tres días después, todavía enfermo del susto y la impresión, habló con doña Selma González, una mujer de la zona, quien le advirtió:
—“¡Ay hijito!, lo que usted vio fue al Príncipe del Gobiado. Él baja de una cueva donde tiene a un montón de gente encantada trabajando para él. Aquí lo escuchamos seguido, porque dicen que hasta el dueño de esta hacienda hizo pacto, por eso tenía tanto dinero. Dele gracias a Dios que no se montó en el caballo, porque los que aceptan creen que solo pasó un mes, pero regresan treinta años después, viejos, cansados y casi irreconocibles”.
Son justamente esos relatos, repetidos de boca en boca, los que mantienen viva la leyenda en Jinotega. Por eso, si en la noche se escucha un relincho extraño o un trueno fuerte en la cima del cerro, más de alguno corre a encender una vela y rezar. Porque en Jinotega, nadie duda que el Fantasma o el Príncipe del Gobiado todavía anda cabalgando.
Adaptación de Revista Informativa Mosaico, basada en versiones publicadas en los blogs Tareas de Jinotega y Nicaragua de mis recuerdos.

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