Más que una leyenda, la Carretanagua (o Carreta Nahua) simboliza el dolor indígena durante la conquista española. Este mito, profundamente arraigado en la cultura nicaragüense, revive en las noches oscuras, cuando la falta de luz en los pueblos propicia conversaciones que desempolvan versiones enriquecidas con testimonios reales, capaces de provocar terror a quien las escucha.
Según Enrique Peña Hernández, en su obra Folklore de Nicaragua, el terror de la Carretanagua se manifiesta en las noches “oscuras y tenebrosas alrededor de la una de la mañana”.
La llegada de la carreta no es silenciosa, sino que es anunciada por un estruendo que pone los pelos de punta. “Pareciera que las ruedas tuvieran chateaduras”, describe Peña, y el sonido es tan violento que se la oye recibir “golpes y sacudidas a cada paso”. En este ruido, más que la visión, lo que la gente teme es su paso que les crea un “ambiente de incertidumbre, desasosiego y terror”.
Quienes han tenido el valor de asomarse por una ventana cuentan una visión espeluznante. La carreta es “desvencijada y floja, más grande que las corrientes”, y está cubierta por una “sábana blanca a manera de toldo”.
La figura que la conduce es aún más aterradora. “Una muerte quirina, envuelta en un sudario blanco, con una guaraña sobre el hombro izquierdo”.
Y no va sola. La tiran “dos bueyes encanijados y flacos, con las costillas casi de fuera; uno color negro y el otro overo”. El poder de esta carreta es sobrenatural que no dobla en las esquinas; simplemente desaparece, pues no puede pasar sobre las “cruces” que forman las intersecciones, relata Peña Hernández.
“La leyenda se materializa cuando, tras su paso, alguien enferma de pronto y muere, llevando a la gente a murmurar que “se la llevó la Carretanagua”.
El espíritu embrujado en la carreta; versión etimológica
Eduardo Zepeda Henríquez, en su “Mitología nicaragüense”, invita a mirar más allá de la historia, adentrándonos en el significado de la palabra.
“Nagual” o “nahualli” que quiere decir “brujo” u “oculto que se asocia con la magia, la hechicería y la transformación”; lo que convierte a la Carreta Nagua en una “carreta embrujada”.
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Zepeda Henríquez destaca que el mito es “sobre todo, auditivo”. El ruido era el verdadero protagonista, pues las calles de entonces eran “empedradas, con tantos cantos irregulares”, que los vecinos, aterrados, casi no se atrevían a ver el “espectro”.
“(. . .) nuestra Carretanagua se distingue primero por su nocturnidad. Es, en efecto, el polo negativo del sistema binario; es el revés de la carreta que trabaja de sol a sol en el campo nicaragüense; es, en definitiva, una carreta que conduce la muerte. Nuestro pueblo dice también que la pareja de bueyes de la Carretanagua es una yunta de esqueletos…” relató, el escritor.
El trauma de la conquista: una versión de la Carreta Nahua histórica
La interpretación de Milagros Palma, “Senderos míticos de Nicaragua”, le da a la leyenda una profundidad histórica que conecta el mito con la realidad del pasado indígena.
La Carreta Nahua no sería un simple fantasma, sino la “expresión del terror vivido por el indígena durante la conquista”.
Los conquistadores, con sus caravanas de carretas, eran una visión temida. Las crónicas revelan que “los indios capturados eran encadenados a los postes de las carretas en largos y penosos recorridos.”
La carreta, un objeto introducido por los españoles, se convirtió para el indígena en un símbolo de muerte y sufrimiento.
El ruido “infernal” de las carretas en los caminos, un sonido completamente ajeno a su mundo fue interpretado como una “ nueva manifestación de los espíritus nocturnos que lo asediaban”.
Relatos que enriquecen la leyenda
Las versiones se enriquecen con relatos como el de doña Julia, una anciana de 79 años de Sutiaba, quien cuenta que la carreta “se oía pasar y después se callaba al llegar al final de la calle. Ella sentía un “miedo horrible y el corazón me hacía bum…bum…bum como que se me iba a salir”.
También decían que era una procesión que encabezaba la carreta, hecha de huesos de muerto, relató doña Julia, y añadió otra versión. “Esta procesión salía muy a medianoche. La gente, entonces, se asomaba a ver cuando pasaba esa procesión. Las personas que iban rezando en la procesión llamaban a los que salían a ver: —Téngame esta candela. El que cogía la candela de pronto se percataba que llevaba un hueso de muerto prendido…”, son parte de los relatos en el texto “La Carreta Nahua” fragmentos, de Milagros Palma: Senderos míticos de Nicaragua.

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