En el Jubileo de los Jóvenes, el obispo de Matagalpa predica el perdón

Monseñor Rolando Álvarez, víctima de la represión estatal en su país, eligió el perdón como tema central de su catequesis, tras el destierro que lo llevó de las cárceles nicaragüenses a Roma

Mosaico CSI
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El obispo de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, el 4 de agosto de 2022, cuando fue confinado en el obispado que después sería confiscado por el régimen Ortega Murillo. © Mosaico CSI | Archivo

Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, reapareció públicamente en Roma, en el marco del Jubileo de los Jóvenes, durante un encuentro con 140 peregrinos de la diócesis española de Sigüenza-Guadalajara, y eligió un tema que, viniendo de él, tiene un peso especial: el perdón.

Desterrado en enero de 2024 junto a un grupo de clérigos nicaragüenses, después de estar encarcelado por negarse a callar ante los abusos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, monseñor Álvarez habló de la única respuesta que no destruye: “Perdonar y pedir perdón”.

“Les aseguro que si dos de ustedes, dos o tres, se ponen de acuerdo y piden una gracia, les será concedida”, dijo el obispo de Matagalpa a los peregrinos, citando el Evangelio de Mateo para abrir su catequesis. “La unidad, la amistad y la paz entre los hermanos atraen la benevolencia de Dios”.

Sin mencionar su calvario, pero con la autoridad de quien ha soportado la persecución, monseñor Álvarez describió el perdón como una batalla contra el odio.

“Perdonar no es fácil porque nuestro corazón está apegado al odio, a las venganzas, a los rencores. Todos hemos visto familias destruidas por odios familiares que pasan de una generación a otra. Hermanos que, frente al ataúd de uno de sus padres, no se saludan porque guardan viejos rencores. Parece que es más fuerte aferrarse al odio que al amor y éste es precisamente —afirma el Papa Francisco— el ‘tesoro’ del diablo. Él se agazapa siempre entre nuestros rencores, entre nuestros odios y los hace crecer, los mantiene ahí para destruir. Destruir todo. Y muchas veces, por cosas pequeñas, destruye”, dijo el obispo de Matagalpa.

El obispo, que se ha convertido en un símbolo para la Iglesia perseguida en Nicaragua, afirmó que la lógica de Dios rompe esa cadena: “Cuando Dios nos perdona, olvida todo el mal que hemos hecho (…)  Dios pierde la memoria de las historias malas de tantos pecadores. Nos perdona y sigue adelante. Solo nos pide: ‘Haz lo mismo: aprende a perdonar’. No sigas con esta cruz infecunda del odio, del rencor, del ‘me la pagarás’. Esta palabra no es cristiana ni humana”.

En un país donde los templos son vigilados y los sacerdotes perseguidos, las palabras de monseñor Álvarez son como un acto de valentía: “Parece que la riqueza propia del diablo es ésta: sembrar el no-perdonar, vivir apegados al no-perdonar. Y el perdón es condición para entrar en el cielo”.

Su mensaje, inspirado en la parábola del siervo despiadado que relata el Evangelio (Mateo 18,23-35), fue directo para los jóvenes: “Pedir perdón significa perdonar. Van juntos. Y aquellos que piden perdón para sí mismos, pero no perdonan a los demás, terminarán como ese siervo al que su señor le perdona todo, pero él no perdona a los demás…”.

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Antes de la vigilia en Tor Vergata, en las afueras de Roma, donde miles de jóvenes se reunirán este fin de semana para el Jubileo, el obispo de Matagalpa les dejó un desafío: “el perdón es renovación y transformación si dejamos actuar en nosotros a Quien nos pensó y nos creó”.

En la voz de monseñor Álvarez, el perdón dejó de ser una teoría. Sonó como el camino elegido por quien sobrevivió a la cárcel, al destierro, pero no se dejó consumir por ellos.

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