El después puede ser una carga pesada. En el trajín diario, se nos olvida el valor de la familia, creyendo que siempre habrá tiempo para “un abrazo” o un “te quiero”. Pero ese después a menudo se vuelve un doloroso arrepentimiento.
Cristina, una joven ambiciosa que buscaba su futuro en la capital Managua, veía las llamadas de sus padres doña Rosa y Don Miguel en Matagalpa, como interrupciones.
Un “después los llamo, estoy ocupada” se convirtió en una respuesta habitual. Ella, estaba inmersa en la carrera contra el tiempo y la búsqueda de sus metas, y ellos envejeciendo en su finquita entre sus cosechas de maíz y café se distanciaban extrañándola cada día.
Doña Rosa, con sus manos marcadas por el trabajo de campo y doméstico, en su corazón de madre sentía cómo los hilos de la conexión con su hija se tensaban, al punto de romperse, pues el celular no sonaba.
El doloroso eco del después
Un día, una noticia golpeo a Cristina para siempre. Don Miguel había sufrido un infarto fulminante. No hubo tiempo para un último viaje a casa, para escuchar sus consejos, para darle un abrazo.
El teléfono de la joven Cristina se llenó de mensajes de condolencias, pero su mente solo repetía las últimas palabras que le había dicho su padre: Un simple “cuídate hija”. No hubo un “te quiero”, no hubo una conversación de padre e hija, solo la prisa de una llamada cortada.
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El funeral de don Miguel fue acompañado de un mar de personas conocidas, de abrazos sinceros y recuerdos. Para Cristina en cambio, cada lagrima derramada era un eco de las oportunidades perdidas.
El asiento vacío junto a doña Rosa, antes ocupado por su padre, se transformó en un monumento mudo de sus omisiones.
Con dolor, Cristina comprendió que la ambición la había cegado, y cada “después” se había convertido en peso insoportable. Y que la verdadera cercanía no se mide en la distancia, sino en la decisión de estar, escuchar y valorar.
Moraleja: La vida no da tregua. No hay “después” para el amor familiar. Aprovecha cada instante, el arrepentimiento no perdona. Valora a los tuyos ahora, esos momentos, por pequeños que sean, son el verdadero tesoro.
* Adaptación de Mosaico CSI sobre un contexto real para fines reflexivos.

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