Cuándo limpiarse la frente y algún detalle más para celebrar con sentido el Miércoles de Ceniza

Miércoles de Ceniza
La ceniza en la frente tiene un significado penitencial y nos recuerda que hemos de morir. ReL

C.L./ReL. 18 DE FEBRERO DE 2015

Los Miércoles de Ceniza las iglesias, y dentro de las iglesias los confesonarios, registran una de las afluencias más notables del año.
No en vano en esta fecha arranca la Cuaresma, un periodo penitencial de cuarenta días que precede al Domingo de Ramos y evoca ese periodo que pasó Jesucristo en el desierto antes de la Pasión.
He aquí algunos detalles prácticos a tener en cuenta sobre este día y su rito principal, la imposición de la ceniza, costumbre arraigada en la Iglesia desde el siglo XI.

1. La imposición de la ceniza no es obligatoria, el ayuno y la abstinencia sí lo son.
El Miércoles de Ceniza no es festividad de precepto. No hay, por consiguiente, obligación de asistir a misa ni de recibir la ceniza en la frente. Sin embargo, sí es día de ayuno obligatorio para todos los fieles entre 18 y 60 años (sólo puede hacerse una comida fuerte al día) y de abstinencia obligatoria de comer carne para todos los fieles mayores de 14 años.
La abstinencia es también obligatoria el resto de viernes de Cuaresma, y el Viernes Santo, además, vuelve a ser día de ayuno.

2. La esencia del rito de la ceniza es recordarnos la muerte e instarnos al arrepentimiento.
Precisamente el día en el que sometemos nuestro cuerpo a la disciplina del ayuno y de la abstinencia, el rito de la imposición de la ceniza nos recuerda para qué lo hacemos: para reparar los pecados cometidos y avivar en nosotros el deseo del cielo.

“Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios”, dice el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia (n. 125) promulgado en 2002 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.


Por el carácter excepcional y tangible del rito, a los niños suele gustarles recibir la ceniza: una circunstancia muy útil para introducirles en el espíritu de la Cuaresma.

Así se ve en los dos signos del día, la ceniza y las palabras del sacerdote al imponerlas.

De hecho, lo que se utiliza para manchar la frente son los restos de quemar las palmas del Domingo de Ramos del año anterior, que se conservan justo con ese objeto. Es el signo de que la gloria que esas palmas simbolizan es perecedera (Cristo murió apenas unos días después de ser recibido en loor de multitud) y de que todo lo presente se reducirá a la nada.

Las palabras del sacerdote son dramáticas y evocan la muerte (“Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir”, tomado del Génesis 3, 19) o el pecado (“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”, tomado del Evangelio de San Marcos 1, 15).

3. La marca de la ceniza es un signo público, pero no hay un tiempo prescrito para mantenerla en la frente.
Aunque el ayuno y la abstinencia en este primer día de Cuaresma son obligatorios en toda la Iglesia, el rito de la ceniza depende mucho de las costumbres locales.

En el ámbito latino suelen imponerse las cenizas secas y en la parte alta de la frente, donde arranca el cabello. En el ámbito anglosajón suele hacerse una pequeña pasta con las cenizas y el agua bendita y se impone en mitad de la frente.

Esto introduce la cuestión de la perdurabilidad del signo. ¿Cuándo y cómo debe ser eliminado? No existen normas al respecto: es el propio fiel quien decide en qué momento y por qué razones limpiarse la frente, en función de sus personales circunstancias.

Una opción es dejar que desaparezca de forma natural, lo cual puede suceder varias horas después. Evitando toda ostentación, puede ser una ocasión evangelizadora… o dar pie a alguna que otra anécdota.


Joe Biden venía de imponerse la ceniza en el inicio de la Cuaresma de 2010 y no le importó que se supiese.

En 2010, Joe Biden apareció en una rueda de prensa detrás de Barack Obama con la frente significativamente manchada. Se dio la circunstancia anecdótica de que una presentadora de Sky News (también católica, aunque había olvidado el día que era) insistió en directo a su compañera destacada en el evento para qué averiguase a qué se debía el “cardenal” que lucía el vicepresidente norteamericano. Hubo de disculparse después por el desliz.

Una pieza literaria inspirada en el Miércoles de Ceniza

El escritor y filósofo T.S. Eliot (1888-1965) se convirtió al cristianismo en 1927, y como anglocatólico sostuvo posiciones muy cercanas al catolicismo, sin llegar nunca a dar el paso final, en un caso que guarda algunas similitudes con C.S. Lewis (1898-1963). Al poco de su conversión, Eliot escribió un poema que se publicaría en 1930, titulado Miércoles de Ceniza.


T.S. Eliot consagró al Miércoles de Ceniza uno de sus poemás más célebres.

Algunas de sus estrofas evocan, con su genio literario propio, la esencia de esta fecha: la caducidad de las cosas presentes y la urgencia del arrepentimiento. Los primeros versos pueden servir, casi, como una oración.

Porque no espero volver jamás.
Porque no espero.
Porque no espero volver
deseando el don de éste y la visión de aquél
ya no me esfuerzo en esforzarme por cosas semejantes

Porque no espero conocer jamás
la endeble gloria de la hora positiva…

Porque sé que no he de conocer
el único real de los poderes perecederos

Porque sé que el tiempo es siempre tiempo
y que el espacio es siempre y sólo espacio
y que lo real sólo es real por un tiempo
y sólo en un espacio,
me alegra que las cosas sean como son y
renuncio al rostro bienaventurado
y renuncio a la voz.
Porque ya no espero volver de nuevo.

Y ruego a Dios se apiade de nosotros
.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte.
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

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