Así fue el nacimiento de Rubén Darío

A los 150 años del nacimiento de Rubén Darío, descubra cómo fueron esos momentos en que Rosa Sarmiento, madre del poeta, llegó a Metapa

Carlos Tünnermann Bernheim, LA PRENSA
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Rubén Darío 4 años
Rubén Darío a los 4 años. LA PRENSA/ARCHIVO

Los padres de Darío fueron don Manuel García Sarmiento, mejor conocido como Manuel Darío y Rosa Sarmiento. Manuel Darío era primo en segundo grado de Rosa. El matrimonio fue promovido por Rita Darío, hermana de Manuel, la pariente rica e influyente de la familia. No fue inspirado por el amor entre los contrayentes sino que, como lo describe el propio Rubén, “fue un matrimonio de conveniencia hecho por la familia”.

LE BUSCAN ESPOSA AL PARRANDERO

Manuel Darío es descrito por Edelberto Torres como “hombre de buena estatura, vigoroso, de tez morena clara, de temperamento inquieto por tres cosas, frecuentes en su país: la política, la mujer y el guaro. Pero también es trabajador y no descuida la tienda de telas que tiene en casa de su hermana Rita. Es mayor de 40 años y no da señales de querer contraer matrimonio”.

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Al contrario, prefiere la parranda y el ayuntamiento con prostitutas y amantes pasajeras. Preocupado por la conducta de su hermano, Rita Darío piensa que quizás casándolo con una mujer joven y agraciada podría sentar cabeza. Busca quién puede ser esa joven y desafortunadamente, su mirada recae en Rosa Sarmiento, la huérfana que vive en casa de doña Bernarda Sarmiento, esposa del coronel Félix Ramírez.

Global CorredoresROSA SARMIENTO HUÉRFANA DE MESES

Rosa Sarmiento nació bajo un sino trágico, pues a los pocos meses de nacida fallece su madre, Sixta Alemán. Su padre, Ignacio Sarmiento, muere asesinado en Chinandega en circunstancias extrañas, cuando ella es una niña de pocos años. La huérfana es acogida en León por su tía carnal doña Bernarda Sarmiento, donde crece y se transforma en una joven que el propio Darío en sus borrosos recuerdos describe como “una mujer delgada, de vivos y brillantes ojos negros… blanca, de tupidos cabellos oscuros, alerta, risueña, bella”.

Por sus encantos de mujer joven Rosa tuvo varios enamorados, pero siendo la cenicienta de la familia, a los 23 años de edad, no tuvo más remedio que ceder a casarse con su primo Manuel, de 46 años, en cuya tienda de telas había sido dependiente.

El matrimonio se celebró el 16 de abril de 1866, en León, en la capilla del Sagrario de la Catedral Metropolitana.

Casa natal Rubén Darío
La casa donde nació Rubén Darío actualmente funciona como un pequeño museo donde se pueden conocer sus primeros años de vida. LA PRENSA/ARCHIVO

LA DECEPCIÓN DE ROSA Y SU SEPARACIÓN

Pronto surgieron las dificultades en aquel matrimonio arreglado. Manuel Darío no abandonó su vieja afición por la bebida y las mujeres, por lo que Rosa, embarazada de su hijo primogénito, decide regresar a la casa de la tía Bernarda, sin que don Manuel Darío hiciera mucho esfuerzo para que regresara al hogar conyugal.

Avanzado el embarazo de Rosa, llega Josefa Sarmiento a visitar a su hermana Bernarda y comprar provisiones para una tienda de abarrotes y pulpería que ha instalado en un pequeño villorio conocido como Olominapa, donde ella es dueña de una hacienda, en el departamento de Matagalpa.

EN EL MOMENTO DEL NACIMIENTO

En un testimonio sobre el nacimiento de Darío, firmado por María Ester y Rosario Inocentes Mendoza, ante el presbítero Pío M. González Mendoza el 26 de mayo de 1955, encontrado por el suscrito en los archivos del periodista Juan Ramón Avilés, se nos dice lo siguiente: “La casa de mi tía Cornelia era pequeña, más o menos de ocho varas de largo al lado de la calle, con su cocina anexa y corredorcito interior. En esa casa, mejor dicho, en el aposentito de tía Cornelia, según ella me lo contó muchas veces, fue donde nació el niño Rubén (nombre que recibió después, cuando fue bautizado en la ciudad de León), o sea Rubén Darío.

Tía Cornelia me contó que una señora de nombre Rosa llegó procedente de León, en estado muy adelantado de embarazo, a Metapa, en un tren de mulas de comercio, que era la clase de transporte acostumbrado entonces”.

LA IMPROVISADA COMADRONA

“Dicho tren de mulas, con cargamentos que acarreaba desde la ciudad de León, pertenecía a unos comerciantes de apellido Luque y otros. Doña Rosa, quien iba puede decirse como pasajera, había contratado los servicios de Luque y compañeros para que la condujeran.

Al llegar a Metapa fue informada por ellos que como no había hotel ni posada pública, más que los corredores de la Casa Cabildo, donde pernoctaban los viajeros transeúntes, le indicaban que el mejor lugar donde podría hospedarse era donde doña Cornelia Mendoza, mi tía, la cual gustosamente le dio albergue, y poco después ocurrió el nacimiento del niño Rubén, habiendo ayudado a mi tía Cornelia, que actuó como improvisada comadrona, una familiar o amiga suya a la cual llamó y que tenía alguna práctica en partos”.

La familiar o amiga, a quien Cornelia Mendoza llamó para que la ayudara a atender el parto de Rosa Sarmiento fue doña Agatona Ruiz, según lo atestigua el doctor Rodolfo Espinosa, ex vicepresidente de Nicaragua, en su escrito Ciudad Darío, fechado el 4 de octubre de 1939, copia del cual fue encontrada también en los archivos de J.R. Avilés. Aparentemente, Agatona Ruiz era familiar de doña Cornelia.

QUIÉN AMAMANTÓ A RUBÉN

¿Quién fue la primera mujer que amamantó al príncipe de la poesía en español? Continúa su relato doña Ester Mendoza: “Tía Cornelia me contó varias veces, que ella era la que le había dado la primera leche amamantada al niño Rubén. ‘Mi muchachito Rubén —decía mi tía—, la primer leche que mamó fue la mía, y enseguida la de su mamá doña Rosa, de manera que cuando se lo llevaron para León iba bien gordito. Era blanco y feo, pero hermoso’”.

“Cuando se lo llevaron para León, fue contratado para conducir al niño Rubén, en brazos, en una especie como de hamaquita colgada al cuello, el vecino de mi tía Cornelia, Justo Vásquez. Doña Rosa iba a caballo, acompañada por el emisario que de León había llegado expresamente a llevarla enviado por la familia de ella”. Se trataba del coronel Félix Ramírez Madregil, esposo de Bernarda Sarmiento. Este matrimonio haría las veces de padres adoptivos de Rubén, pero el niño los consideraría como sus verdaderos padres.

¿Quién era Cornelia Mendoza?

Dejemos que nos los diga su propia sobrina Ester: “Tía Cornelia era aplanchadora y purera de oficio. Era muy hábil y ágil en la manufactura de puros de tabaco, y la gente acudía a comprárselos. Su casa de habitación en Metapa, en la cual nació Rubén Darío, era de paredes enjalbegadas. El techo creo que era de palmas, y más tarde de tejas, siendo siempre ella la dueña, y ahí murió. Cuando Rubén Darío vino de Europa a Managua en el año de 1907, ya tía Cornelia había muerto más o menos cuatro o cinco años antes. Si ella hubiese estado viva, estoy segura de que mi tía habría venido a verlo”.

¿Trataron las Mendoza de hacer contacto con Darío en alguna oportunidad? Doña Ester asegura que sí: “Considero oportuno apuntar lo siguiente: cuando Rubén Darío, ya muy enfermo, vino por última vez a Managua, yo estuve a visitarlo en casa de su esposa doña Rosario. En su lecho de enfermo me recibió, y al darse cuenta de que yo era una de las Mendoza, de Metapa, se reanimó y me dijo estas palabras: ‘No quiero morirme sin volver a ver aquellos chiribitales de Metapa, según me cuentan que son esas tierras. Sueño con llegar a conocer el lugar donde nací. Así es que preparate para que vayamos en cuanto yo tenga una mejoría’. Doña Rosario, su esposa que lo atendía, lo estimuló diciéndole: —¡Sí, hijo! Vamos a ir a Metapa en cuanto mejorés. Pero Rubén ya no pudo cumplir ese deseo, pues Dios lo llamó”.

El viaje prenatal

Josefa invita a su sobrina Rosa a que la acompañe en su viaje de regreso. Esta, decepcionada de su matrimonio, desea alejarse de León y acepta la invitación.

El tren de mulas y carretas sale de León una madrugada por la Calle Real empedrada para tomar el camino polvoriento y accidentado que conduce a Las Segovias.

En el largo camino pasarían por los caseríos de Las Pilas, Las Zarzas, El Jicaral, La India, El Junquillo y el Real de la Cruz. Doña Rosa Sarmiento va arrecostada entre sábanas y almohadones bajo un toldo de petate, en una de las carretas.

Seguramente lo irregular del camino, donde las carretas con dificultad avanzan, precipitó los dolores del parto, por lo que hacen un alto en el pequeño poblado de Metapa y buscan una pensión donde albergarse. Pero en aquella aldea no la hay, por lo que aceptan hospedarse en la modesta casa de doña Cornelia Mendoza.

 

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